
Cada año desde 1982, un centenar de personas se reúne en el corazón del oeste americano. En mitad de Wyoming, en el valle de Jackson Hole, durante unos días, banqueros centrales, premios Nobel, economistas, académicos y unos pocos periodistas comienzan un retiro espiritual para hablar y debatir de dinero. El escenario no puede ser más bucólico, montañas y lagos, si no fuera por el enorme oso disecado que sale siempre en las fotos del simposio.
El oso es más que un símbolo para Wall Street y para el mundo de las bolsas. Significa caídas, números rojos, dolor, pánico y mercado bajista. Para Jackson Hole, para el Simposio de Política Económica de Jackson Hole, que organiza al final del verano la Reserva Federal de Kansas City, el oso grizzly que preside el hall principal del Jackson Lake Lodge viene a ser la mascota del evento.
Para las bolsas debería ser toda una declaración de intenciones de lo que puede pasar este fin de semana. Si Kevin Warsh y otros colegas de la banca central decidieran montar una banda de rock, el viejo grizzly debería acompañarles en los escenarios, como hace Eddie con los Iron Maiden.
El oso lleva seco como la mojama desde 1985, según los blogs de viaje de los turistas que han recorrido los mismos pasillos que las leyendas de la políticas monetarias. Y ahí reside gran parte del encanto de la cita. Los guardianes del dólar, euro o yen pueden cruzarse con un viajero en pantalón corto y chanclas, y pasar desapercibidos. La escena eleva el nivel bizarro si se tiene en la cabeza Davos o cualquier otro foro pomposo por donde se pasea el capital.
Para darle más magia al lugar y a sus visitantes, Jackson Hole era tierra de tramperos. Los cazadores de pieles del siglo XIX llamaban hole a este tipo de valles encerrados entre montañas y utilizaban crueles trampas para atrapar grandes presas.
La propia Fed de Kansas City se preocupa por señalar que el alojamiento no tiene spa, gimnasio ni salón de belleza y continúa abierto a turistas normales mientras los banqueros centrales celebran el encuentro. Todos los asistentes pagan además una cuota y se costean el viaje y el alojamiento. Tampoco hay que dejarse llevar por la apariencia de cruda austeridad de Jackson Hole. Con los años la zona se ha convertido en un refugio de millonarios y Teton County se encuentra entre los territorios con mayores ingresos y mayor desigualdad de EEUU. Poderoso señor es don dinero.

No deja de tener gracia. Si alguien se imagina una conversación de banqueros centrales, con una estampa idílica de postal en un porche de madera y con el frío que baja de las Montañas Rocosas, qué mejor tema de conversación que el de los salarios, masa monetaria y desigualdad. Jackson Hole es una cita llena de trampas para los mercados. No olvide cuál es la mascota. Un oso. Bajón absoluto para las bolsas. El título del primer simposio fue World Agricultural Trade: The Potential for Growth y el actual es Financial Innovation — Implications for Payments and Policy. Aburrido, sí; pero así deben ser cualquier trampa para osos o bisontes. Pero cualquier frase soporífera de un banquero central tomando café de manera despreocupada puede cambiar el destino de los dólares.
Ben Bernanke utilizó el retiro espiritual de los banqueros para allanar el camino para una compra masiva de bonos de 600.000 millones de dólares en 2010. Jerome Powell ofreció señales claras de subidas de tipos en 2022, tumbando al mercado, y dos años después avisó de que la Fed iba a bajar los tipos.
A simple vista, Jackson Hole es el plan más tedioso para un fin de semana, pero los banqueros centrales lo tienen marcado como el mejor sitio para lanzar sus mensajes, con la corbata con menos presión de lo habitual.

Hasta 1982, la cita carecía de empaque hasta que apareció Paul Volcker, el banquero que embridó la inflación de EEUU en los setenta. Durante sus primeras ediciones, las conferencias se celebraron en Kansas City, Denver y Vail y giraron fundamentalmente alrededor de la agricultura.
Pero los organizadores querían subir de categoría. Si pretendían convertir aquello en una gran conferencia económica necesitaban atraer a alguien realmente importante. No había nadie más importante que Volcker en ese momento. Pero para atraerlo al viejo oeste en verano, había que tenderle una trampa.
Una de las grandes historias de Jackson Hole cuenta que Paul Volcker era un apasionado de la pesca con mosca y en verano no hay mejor sitio para practicarla que en mitad de las montañas de Wyoming. Así que la Fed de Kansas City hizo todo lo posible para que el gran jefe de la Fed tuviera unos días de ensueño. La propia Fed de Kansas cuenta que terminó encantado. Y Reuters cuenta que en la cena apareció con la ropa de pesca puesta. A partir de ese momento, Jackson Hole se convirtió en leyenda.



