- La acumulación de metal en EEUU para evitar aranceles provoca un atasco global y vacía los almacenes
- La tensión por la escasez de oferta inmediata dispara la diferencia de precio con los contratos a futuro
El cobre vuelve a acercarse a máximos históricos debido a una combinación poco habitual de factores entre los que destacan los aranceles de Donald Trump y una acumulación de inventarios que está dejando al mercado con menos metal disponible para entrega inmediata. El movimiento tiene una particularidad: no está siendo provocado por un fuerte repunte de la demanda mundial. De hecho, China, el principal consumidor de cobre del mundo, atraviesa un periodo de menor dinamismo. No obstante, el contrato de referencia a tres meses de la Bolsa de Metales de Londres (LME) llegó este lunes a 14.396 dólares por tonelada, cerca del máximo histórico de 14.527,50 dólares registrado en enero.
La explicación del rally se esconde detrás de la logística del metal. La expectativa de nuevos aranceles estadounidenses ha provocado una carrera para enviar cobre antes de que cualquier medida pueda encarecer las importaciones. Los operadores tienen así un incentivo para acumular metal en territorio estadounidense en lugar de mantenerlo disponible en otros mercados.
El resultado es una especie de atasco global. Las existencias registradas en los almacenes de la LME han caído casi a la mitad desde mediados de mayo y se sitúan ligeramente por encima de las 200.000 toneladas. La racha de descensos llegó a 42 sesiones consecutivas, la más larga desde 2014.
La señal más clara de esta tensión aparece en la diferencia entre el precio del cobre disponible inmediatamente y el de los contratos para dentro de unos meses. El metal para entrega inmediata ha llegado a cotizar en unos 545 dólares por tonelada por encima del contrato a tres meses, una diferencia que no se veía desde 2021 cuando la LME se vio obligada a intervenir. En aquel entonces, grandes operadores habían acumulado posiciones y reducido el cobre disponible en los almacenes. La tensión llegó a tal punto que la LME tuvo que intervenir y modificar temporalmente sus reglas para limitar los movimientos extremos y facilitar el aplazamiento de determinadas entregas. El episodio evidenció cómo la concentración de inventarios y posiciones puede alterar el funcionamiento de un mercado de materias primas.
China añade otra capa de complejidad. Su economía no está generando una demanda especialmente vigorosa, pero sus fundiciones están encontrando dificultades para conseguir concentrado de cobre, la materia prima que necesitan para fabricar metal refinado. Eso está aumentando su necesidad de acudir al mercado internacional precisamente cuando Estados Unidos también está absorbiendo suministros.
Bank of America estima que el crecimiento de la demanda china de metales será de apenas el 0,5% este año, el ritmo más débil desde 1988. Pese a ello, el banco estadounidense mantiene una visión alcista sobre el cobre porque considera que las restricciones de oferta mantendrán el mercado en déficit tanto en 2026 como en 2027.
A este problema inmediato se suma una dificultad estructural: aumentar rápidamente la producción minera es complicado. Las nuevas minas requieren enormes inversiones y años de desarrollo, mientras que las interrupciones en explotaciones existentes pueden retirar grandes cantidades de cobre del mercado en poco tiempo. De ahí que Bank of America espere que el déficit de suministro persista durante los próximos años.
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