Desde el Faro
Por: Rafael Hidalgo
Al ritmo de la ranchera que inmortalizó Jorge Negrete: “…México en una laguna, me he de comer esa tuna…”, Keiko Fujimori mordió la fruta al restablecer las relaciones diplomáticas con el país azteca y aprobar la partida de la asilada Betssy Chávez, ex primera ministra condenada a 11 años de prisión por conspirar con Pedro Castillo en el frustrado golpe del 7/12/22.
La tuna se caía de madura luego de que el embajador Hugo de Zela, excanciller del expresidente José Jerí, durante cuya gestión se congeló inexplicablemente el salvoconducto, dejándola encerrada en la Embajada de México (3/11/25) y soslayando el caso de Víctor Raúl Haya de la Torre en la Embajada de Colombia (1949), ocho meses después y ya en el llano, emitiera un “falsete”: “Yo reconozco que el Perú tiene una obligación jurídica de dar el salvoconducto… Acá hay enormes inversiones mexicanas e importantes inversiones peruanas en México, el intercambio comercial es grande, estamos en la Alianza del Pacífico…” (Willax, 15/7/26). Sin palabras.
Pero la verdad monda y lironda es que la raíz del conflicto se ubica cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), desde el inicio, utilizó la elección de Pedro Castillo —dejando de lado la tradicional Doctrina Estrada de México, que marcaba la no injerencia en la política interna de otros países— para enfilar contra el racismo de la élite peruana —que nadie duda que existe, así como en México— desde su programa matutino “La Mañanera”. Pero el profesor de Chota no cayó por eso, sino que quedó arrinconado por sus trapacerías.
AMLO, mañoso y cazurro, hablaba de Juan para que escuchara Pedro —la derecha mexicana—, sin aludirla directamente ni darle, por ello, derecho de réplica. Tanto es así que a la presidenta Claudia Sheinbaum no le ha quedado otra opción que continuar con la cantaleta.
En las escaramuzas que siguieron, México reinstauró las visas para los peruanos, que se habían eliminado en 2012. Como respuesta, el Perú impuso visas a los turistas mexicanos (6/4/24). No obstante, las visitas de peruanos a México, que se acercan a las 300 mil, triplican las visitas de los mexicanos al Perú.
Sin embargo, lo más importante es que las inversiones mexicanas en el país alcanzan los US$ 16 000 millones y suman más de 50 empresas: Grupo México, presidido por el millonario Germán Larrea, que controla Southern Copper; Alejandro Baillères, con Industrias Peñoles y Fresnillo, que poseen varias concesiones mineras; el magnate Carlos Slim, con América Móvil (Claro); el grupo Barragán, con la embotelladora Arca (Coca-Cola); la familia Garza, con las tiendas OXXO; los Ramírez, con la cadena Cinépolis, que opera en Lima tres salas de cine, etc.
Por el lado peruano, la inversión más destacada en México es la de Ajeper, del grupo Añaños, que produce la gaseosa Big Cola.
En 2025, México ocupó el puesto 12 en intercambio comercial, con US$ 2 643 millones, por detrás de otros países de la región: Brasil, Chile, Colombia y Argentina. En exportaciones, México ocupó el puesto 13, con una cifra que se incrementa cada año: US$ 887 millones en 2024 y US$ 1 036 millones en 2025. El principal rubro fue el de frutas, con US$ 254 millones, destacando las uvas, con US$ 166 millones; las mandarinas, con US$ 45 millones, y otros cítricos. Otros productos fueron el cacao en grano, con US$ 68 millones; los ajíes y pimientos, con US$ 65 millones, y los colorantes naturales, con US$ 25 millones.
En importaciones, México ocupó el puesto 7: US$ 1 619 millones en 2024 y US$ 1 607 millones en 2025. Los principales productos fueron los de tocador y limpieza, con US$ 168 millones; los de informática, con US$ 147 millones —CPU, US$ 97 millones—; los vehículos, con US$ 110 millones —Nissan, Chevrolet y Volkswagen, además de maquinaria pesada John Deere—, y los televisores, con US$ 106 millones.
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