Durante una guardia en las urgencias del Hospital Ramón y Cajal (Madrid), Beatriz Mexía atendió a un joven de 19 años con un intenso cuadro de náuseas, vómitos y dolor abdominal. “No toleraba ni un sorbo de agua y estaba deshidratado. Le administramos suero por vía intravenosa, pero no había forma de detener los vómitos con los antieméticos habituales”, recuerda. Esta médico de familia residente de cuarto año, que ejerce en el Centro de Salud Los Alpes de la capital, se enfrentó durante esas horas a un cuadro clínico crónico y común, pero poco conocido en España —incluso entre el personal sanitario—, causado por el consumo diario de hachís o marihuana: el síndrome de hiperémesis cannabinoide (SHC), caracterizado por episodios severos y cíclicos.
“Yo era la primera vez que lo atendía y me sorprendió su virulencia y duración. Un compañero me enseñó que el calor alivia los síntomas. Quienes ya lo saben, se duchan compulsivamente con agua caliente para aliviarlos. Una alternativa son las cremas con capsaicina” —un compuesto procedente de un chile picante que produce el mismo efecto—, explica Mexía, que ha presentado el caso en el congreso de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), celebrado la semana pasada en Oviedo. El calor mitiga la dolencia porque sus receptores en la piel están conectados con circuitos nerviosos relacionados con las náuseas.
Según un sondeo en Estados Unidos —el país donde más se ha investigado el síndrome—, “el 17,8% de personas con consumo diario de cannabis afirmó sufrir síntomas compatibles” y de ellos “solo el 11,5% declaró haber recibido un diagnóstico de SHC”. Estos porcentajes suponen que 7,3 millones de estadounidenses sufren en algún grado este trastorno (hay más de 40 millones de consumidores habituales en el país).
Un pequeño estudio realizado en 2016 por investigadores del Hospital Clínic (Barcelona) con 22 pacientes que estaban abandonando el consumo del cannabis, el único de estas características y publicado en Emergencias —revista de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES)—, reveló que el 18,2% “refirió haber presentado síntomas” del síndrome, un porcentaje muy similar al detectado en EE UU. “El SHC es una entidad frecuente, por lo que recomendamos preguntar por la presencia de clínica sugestiva, dado que genera un elevado grado de disconfort, errores diagnósticos y múltiples consultas a especialistas”, concluyeron los autores.
La encuesta EDADES del Plan Nacional sobre Drogas de 2024 revela que el 2,5% de personas de 15 a 64 años consume a diario en España esta droga (unas 825.000), por lo que una estimación teniendo en cuenta estos porcentajes indicaría que 150.000 pueden presentar síntomas de SHC.
“Es un síndrome que fue descrito por primera vez en 2004 y que todavía está muy infradiagnosticado al ser poco conocido por profesionales y pacientes, a pesar de que estos requieren asistencia médica frecuente”, explica Guillermo Burillo, responsable del grupo de trabajo de Toxicología de la SEMES.
Hay varias razones que lo explican, según los especialistas. Una es que “hay personas que tienen reticencias en admitir el consumo de cannabis” al acudir a un centro sanitario y ser preguntados por ello. Otra es que los cuadros —si no se tratan adecuadamente— duran de 24 a 48 horas en las que el afectado permanece bajo vigilancia médica. “Como en ese tiempo no hay consumo, los síntomas desaparecen sin que se llegue a hacer un buen diagnóstico”. Y también influye el hecho de que “el cannabis se considera útil en algunos casos justo para lo contrario: prevenir náuseas y vómitos en pacientes en quimioterapia, lo que hace que el médico ni siquiera llegue a planteárselo como posible causa”.
El resultado es que muchos afectados sufren durante años este síndrome sin saber las razones, ser diagnosticados ni saber cómo actuar cuando aparecen los síntomas. Burillo es el autor principal de la mayor recopilación de casos publicada en España, en 2022 en la revista Medicina Clínica. El breve estudio —el último de este tipo hecho en España— incluye 59 casos atendidos en las urgencias del Hospital Universitario de Canarias a un total de 29 pacientes entre 2018 y 2019, lo que supone 4,4 casos por cada 10.000 urgencias. La mitad de los afectados acudió al hospital más de una vez y tres de cada cuatro fueron tratados con capsaicina tópica.
“El tiempo medio de resolución de los vómitos tras su aplicación fue de 17,87 minutos”, destaca el trabajo. “Esto muestra que es un tratamiento eficaz. También son útiles el droperidol y el haloperidol [dos antipsicóticos] o las benzodiacepinas por vía intravenosa. En España son necesarias más investigaciones para conocer la dimensión real del problema y también dar más formación al personal sanitario para identificar el síndrome”, algo que Burillo impulsa desde SEMES.
Un macroestudio que analizó casi 190 millones de visitas a las urgencias hospitalarias de Estados Unidos entre 2016 y 2022, publicado el pasado mes de noviembre en la revista Emergency Medicine, detectó un súbito aumento de casos del síndrome en los últimos años: “La incidencia de SHC aumentó de 4,4 por cada 100.000 visitas a urgencias, alcanzó un máximo de 33,1 en el segundo trimestre de 2020 y se mantuvo elevada en 22,3 durante 2022”, concluyó el trabajo. El grupo de edad de mayor riesgo fue el de 18 a 25 años, seguido del de 26 a 35 años.
Los expertos consideran que parte de este incremento puede deberse a un mejor conocimiento de la dolencia por parte de los profesionales, lo que permite diagnosticar casos que antes pasaban desapercibidos. “Pero con seguridad también influye el aumento del consumo, algo que en EE UU ha sido muy estudiado tras la legalización de la marihuana con fines recreativos en varios estados, donde las asistencias en urgencias han aumentado un 200%. También el hecho de que se hayan desarrollado variantes de la planta cada vez más potentes y con una mayor concentración de sustancias psicoactivas. En España no disponemos de datos que confirmen que la incidencia del SHC crece, pero la impresión de los profesionales es que sí”, sostiene Burillo.
Otro estudio de investigadores de la Universidad George Washington reveló el año pasado que el 85% de los afectados por SHC había acudido al menos una vez a un servicio de urgencias y que “el 44% tuvo que ser hospitalizado debido a la gravedad de las crisis”. Entre los pacientes analizados, el 40% explicó que consumía cannabis más de 5 veces al día antes del inicio del síndrome y el 44% que tomaba la sustancia desde hacía más de 5 años.
Sobre los mecanismos que llevan a algunos consumidores a desarrollar el SHC y a otros no, Burillo admite que no son del todo conocidos: “La hipótesis más plausible es que haya factores genéticos que hacen que unas personas sean más propensas. Otra es que influyan algunos productos fitosanitarios usados en el cultivo de las plantas”.
La autora del caso clínico presentado en el congreso de la SEMG advierte sobre el notable impacto que el SHC tiene en la vida de los afectados, pese a que las complicaciones no son frecuentes (la literatura científica sí recoge casos de perforación y desgarro de esófago por la intensidad de los vómitos). “Lo más importante es controlar bien la hidratación. Pero el síndrome sí resulta muy incapacitante por la intensidad de los síntomas. Esto puede interferir de forma importante en la vida diaria de los afectados con crisis más cíclicas”, explica Mexía.
La especialista insiste en que “la única forma de evitar definitivamente el SHC es abandonar el consumo de cannabis, lo que además también previene el desarrollo de trastornos psiquiátricos cuya relación con esta sustancia está acreditada, especialmente entre los consumidores más jóvenes”.
Oriol Güell, El País



