Desde el Faro
Por: Rafael Hidalgo
No queda duda de que el nuevo gobierno tiene el deber de incrementar el magro crecimiento económico —3,2 % del PBI en 2026—, aprovechando los nuevos términos de intercambio con el exterior, que se han duplicado respecto de los que gozamos en la primera década del siglo, en la que crecíamos a más del doble —7,2 % en el período 2006-2011— de lo que se registra en la actualidad, para volver a generar millones de empleos adecuados y disminuir la pobreza.
Obviamente, el puesto clave del nuevo equipo de gobierno será el titular del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) que escoja Keiko Fujimori (51). Sin embargo, se menciona en la trastienda que Luis Carranza, el exitoso exministro del segundo gobierno de Alan García, no habría aceptado por sus responsabilidades empresariales en un fondo de inversión. No obstante, podría tratarse de una nueva estrella en ascenso en el mundo de las finanzas.
Hace más de tres décadas, Alberto Fujimori, elegido a los 53 años, nombró a un compañero de universidad, el “exministro belaundista” Juan Carlos Hurtado Miller (50), quien ejecutó el “shock” para cortar la hiperinflación. Luego procedió a nombrar a Carlos Boloña (40), quien lideró un notable grupo de coetáneos, como Jaime Yoshiyama, César Peñaranda y Vicente Silva, que protagonizaron la revolución liberal que permitió 35 años de crecimiento económico.
Ahora, los retos están a la vista: de emergencia, enfrentar el Fenómeno del Niño y las bandas transnacionales, financiando un GEIN contra la extorsión; crear un fondo de crédito para los emprendedores al 10 % anual, porque pagan 56 % a la banca; aplicar un shock de permisología para reducir los trámites que enfrentan los proyectos en cartera de inversión; renovar el Fondo de Estabilización de los Combustibles para morigerar las alzas; blindar por cinco años un directorio competente para la reestructuración de Petroperú, etc.
Asimismo, esta claro la prioridad de flexibilizar las reglas fiscales para enfrentar los desafíos de la coyuntura, el déficit fiscal que se fijó en 1.8% para el 2026 (8/7/24) y que en mayo se ha reducido a 1,6% (por el incremento de ingresos y reducción de gastos no financieros). No será la primera ni la última vez, que se reajuste el déficit hacia arriba (4%), para desarrollar una política contracíclica, estableciendo una paulatina convergencia al final del mandato hacia 1%.
Otro desafío es la creación de un fondo soberano para reducir la brecha tecnológica con el aporte de un gravamen extraordinario a las sobreganancias mineras, la paulatina eliminación de exoneraciones tributarias —agroindustria y educación— y lo que se recaude con la conexión directa a la computadora de la Sunat, en tiempo real, de las máquinas tragamonedas de los casinos y las apuestas por internet. Asimismo, se debe persuadir al Tribunal Constitucional para “tapiar” las autorizaciones diferidas de gasto público promovidas por el Congreso y desinflar la “resucitada” cédula viva para las pensiones de militares, policías y maestros.
Se deben conseguir facultades legislativas para dictar una ley MAPE que arbitre entre la gran minería y la minería artesanal aurífera, reemplazando al REINFO; una ley de reforma tributaria y una ley de pensión universal, entre otras.
También se debe reactivar la inversión pública en curso, organizando, con las nuevas autoridades regionales y municipales 2027-2031, elegidas en octubre, un listado racional de obras que se apoyarán con un servicio civil, como plantea el exministro Jorge Baca. Asimismo, las 1.384 obras paralizadas deberían atenderse con Obras por Impuestos (D. S. 206-24-EF).
Además, se debería priorizar la promoción del empleo juvenil, según el plan de gobierno, en la que el 50 % de las gratificaciones y el aporte a EsSalud los realice el Estado durante los tres primeros años de trabajo.
Y poner un cohete al reinicio de las obras de la presa Palo Redondo y a la construcción de la tercera línea del sifón Virú (Chavimochic III), en manos de un contrato de Gobierno a Gobierno (G2G) con Canadá (30/4/24), así como a la conclusión del Proyecto Majes Siguas II (39 mil hectáreas).
Seguirían Poechos II, Olmos, Chinecas, Alto Piura y Puyango-Tumbes; y, si no decaen las esperanzas, la primera piedra del trasvase Marañón y Pampas Verdes.
¿Se puede? Sí se puede.
Expreso




