“Yo estoy flipando fuerte, realmente me encanta lo que está pasando: que haya tantas sorpresas, que se vean a todos esos jugadores y jugadoras nuevas… Vi un montón de tenis esta semana, me miré todos los partidos. Y me encanta…”, responde con entusiasmo Horacio Zeballos, pareja de dobles de Marcel Granollers, cuando se le plantea al mediodía qué opina sobre este Roland Garros que, definitivamente, escapa a cualquier lógica: se derrumbó Jannik Sinner, se desinfló Novak Djokovic, derrapó la tetracampeona Iga Swiatek y a la caída sucesiva de los cabezas de serie y de los y las top-10, si no top-5, se añade ahora un último giro de guion. Conforme termina de contestar Zeballos, llega otro pelotazo: ¡Boom! Aryna Sabalenka, el último ko.
Señor desmorone el de la número uno, quien pilotaba el partido contra Diane Shnaider con holgura, 6-3 y 4-1 arriba, y de repente cae en un “profundo y oscuro agujero” del que no conseguirá salir. Quejas, aspavientos, sin ideas; de ahí al desenlace, tan solo araña un juego. La rusa, de 23 años y 23ª en el ranking, cierra el duelo endosándole un rosco y accede a las semifinales contra todo pronóstico: 3-6, 7-5 y 6-0, tras 2h 12. ¿Qué puede contarnos del partido de hoy? “No pienso nada, no siento nada. Lo dejaría [el tenis] ahora mismo… Pero ya veremos en unos días. Espero poder recuperar la concentración”, le responde a la moderadora. Sabalenka está cruzada de brazos y luego, conforme transcurre la rueda de prensa, se expresa abatida, con el codo apoyado en la mesa y la cabeza en el puño. Su gesto es de trágame, tierra.
Es cierto que su abordaje al torneo no había sido el mejor, teniendo en cuenta que venía de completar una gira muy discreta —ausente en Stuttgart por lesión, cuartos de final en Madrid y dieciseisavos en Roma— y que se había marchado del Foro Itálico tocada de la cadera y de la zona lumbar, a solo una semana de Roland Garros. Se le resiste el torneo francés a la de Minsk, superada en la final de hace un año por Coco Gauff (y por las circunstancias) y ahora por una rival con la que de antemano nadie contaba. “Tuve oportunidades buenas en el segundo set, pero metí la pata y ella lo aprovechó y jugó de maravilla. A partir de ahí, no he conseguido recuperarme mentalmente”, describe, al mismo tiempo que dice no recordar un colapso de este calibre que le ha costado diez juegos consecutivos y, en definitiva, la eliminación. Se le escapó Australia y ahora París.
Con todo a favor, dada la superioridad actual sobre la gran mayoría de las adversarias, Sabalenka aterrizará en Wimbledon sin haber logrado ampliar su cifra de majors y, por lo tanto, con urgencias. Su apetito (tal vez sin igual) y su discurso (ambicioso como ninguno) no terminan de corresponderse en los últimos tiempos con su rendimiento en los grandes escenarios, en los que los nervios le han jugado muy malas pasadas; Gauff y Madison Keys fueron las beneficiadas el curso pasado y ahora Shnaider le aparta del camino en un día muy ventoso. “No sé por qué dejaron el techo abierto… Pero, ¿cómo voy a quejarme si durante casi todo el partido estaba saliéndome todo muy bien? Creo que la cosa se me fue de las manos porque mentalmente no estaba bien”, explica ante los reporteros.
Sin embargo, vuelve a protestar. “El año pasado, para nuestro partido [el turno de las chicas] mantuvieron el techo abierto y al día siguiente las condiciones eran similares, pero para los chicos lo cerraron. No sé por qué hoy lo han dejado abierto; estaba ganando, pero el juego era muy feo; no sé cómo la gente podía estar ahí sentada viéndome…”, prosigue. ¿Pero solicitó que lo cerraran? “No, no creía que fuera necesario”.
El caso es que a Sabalenka se le continúa resistiendo el Bois de Boulogne y se avecina la hierba, donde todavía no ha alcanzado los éxitos que sí obtuvo en Melbourne y Nueva York; dos en cada escenario. Son 28 años y tiene margen, pero van esfumándose oportunidades. “Quizá esté obsesionándome con ganar en esas superficies [tierra y césped], y eso hace que me ponga nerviosa y le dé demasiadas vueltas a la cabeza. Así que debo encontrar una solución, porque estoy cansada de perder algunos partidos de la peor manera posible, solo porque me emociono demasiado…”, analiza. Entonces, ¿es ella contra sí misma? “es una combinación de todo. Piensas demasiado y cometes errores tontos, y a partir de ahí la otra empieza a jugar sin miedo, más suelta. Solo tengo que relajarme, porque en realidad tengo bastante experiencia. He pasado por muchas cosas y las he superado”.
Durante los días previos habían ido cayendo las principales candidatas y los nombres más ilustres. Únicamente Mirra Andreeva —citada el jueves con Marta Kostyuk en la primera semifinal (15.00, Tennis Channel)— se mantiene todavía en pie. “No me gustan las victorias fáciles, ya sabes; supongo que, en mi caso, se trata de sufrir…”, bromea Sabalenka, cuyo expediente es el perfecto reflejo de que su relación con la arcilla no termina de cuajar. De los 24 trofeos que ha alzado, solo tres se produjeron en este contexto; los tres en la Caja Mágica de Madrid, el marco menos terrícola de la gira porque allí la pelota vuela más debido a la altura (657 metros) y sus tiros, en consecuencia, son todavía más poderosos. En París es diferente. “Lo que no nos mata nos hace más fuertes, supongo… En algún momento resolveré ese pequeño problema y volveré más fuerte que nunca”, cierra.
Alejandro Ciriza, El País



