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Ucrania frena a Rusia en el frente, pero carece de recursos para dar un vuelco a la guerra

Dnipró
Vecinos observan desde el balcón de un edificio atacado por Rusia este lunes en Dnipró, este de Ucrania. Stringer (REUTERS)

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Ambos países prosiguen con los ataques de largo alcance después del bombardeo del sábado sobre Moscú

“Ucrania está en mucho mejor posición que hace un año, la dinámica de la guerra está cambiando”, aseguró el 11 de mayo Kaja Kallas, jefa de la diplomacia de la Unión Europea. “Muchos aliados ven lo que está sucediendo y cómo ha cambiado la situación en el campo de batalla”, dijo el domingo Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. Este optimismo se basa en que su ejército ha conseguido frenar a las tropas invasoras en 2026, además de que su capacidad de ataque contra territorio ruso se ha multiplicado. Pero militares y analistas consultados por EL PAÍS piden cautela porque las Fuerzas Armadas de Ucrania no tienen hoy los recursos para dar un vuelco a la guerra.

En las últimas semanas se han ido sucediendo numerosos mensajes de esperanza para Ucrania. Los informes de este mayo del estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) muestran que, por primera vez en dos años, desde verano de 2024, el ejército ucranio ha recuperado territorio: 116 kilómetros cuadrados liberados en abril. Esto es resultado de una reducción progresiva del avance ruso en 2026, según las estadísticas del ISW: si el invasor ganó 519 kilómetros cuadrados en diciembre, en enero fueron 319, en febrero, 123 y en marzo, solo 23 kilómetros cuadrados.

El paso atrás ruso se produce sobre todo en las provincias de Zaporiyia y Járkov. Donde poco ha cambiado la situación, porque es donde el Kremlin pone toda la carne en el asador, es en la provincia de Donetsk, ocupada en un 75% aproximadamente. Esta región y Lugansk (bajo control ruso casi en su integridad) forman Donbás, el territorio que Vladímir Putin quiere conquistar a toda costa como condición previa a negociar la paz. Pero el progreso militar ruso en Donetsk también es lento.

Drones de medio alcance

Militares consultados este mes por este diario en Járkov y Donetsk señalan que la principal diferencia es que se ha multiplicado el abastecimiento de drones, sobre todo los de largo y medio alcance. Ucrania ha llegado este 2026 al nivel de Rusia en cuanto a cantidad de drones utilizados en ataques de largo alcance, con más de 7.000 al mes por cada bando.

El último gran bombardeo ucranio de largo alcance se produjo el sábado contra la región de Moscú, en el que fallecieron tres personas. Dos días antes, un misil ruso mató a 24 civiles en Kiev. Ambos ejércitos buscan sobre todo destruir los centros de producción militar y las infraestructuras energéticas del enemigo. Rusia castigó de forma especialmente dura en la madrugada del lunes la región de Dnipropetrovk, en el este de Ucrania, provocando 26 heridos, según la administración militar provincial. Drones rusos también dañaron tres mercantes en aguas ucranias de la región de Odesa, en el mar Negro.

El viceministro de Defensa ucranio Serhii Boiev reveló en enero que el Gobierno estima que la industria militar del país fabricará 7 millones de drones en 2026, la mayor parte, aparatos bomba de corto alcance. Esta cifra sería por lo menos tres veces superior a lo que se produjo en 2025, según datos de Defense Express. A mediados del pasado año, según este medio ucranio especializado en información militar, la producción ya era nueve veces superior que en 2024.

Maksim, comandante de una unidad de drones del 3º Cuerpo de las Fuerzas Armadas de Ucrania, explica que en el frente de Járkov, gracias al nuevo poderío en el medio alcance, los rusos han tenido que retirar sus principales centros logísticos de la vecina provincia de Lugansk (ocupada casi por completo) y establecerlos en Rusia. En territorio ruso no funcionan los sistemas de comunicaciones por satélite de sus drones, basados en conexiones de la empresa estadounidense Starlink.

Ucrania Elon Musk
Un militar ucranio junto a un vehículo equipado con el sistema Starlink de internet por satélite en 2023. LISI NIESNER (REUTERS)

Maksim asegura que dentro de Ucrania tienen a tiro cualquier objetivo en un radio de 100 kilómetros. Esto es posible por la producción nacional a gran escala de drones como el Rubaka o el FP-2, que tienen una capacidad de vuelo de 250 kilómetros. Una versión avanzada de los FP-2 puede disparar hasta ocho misiles, como ha demostrado un vídeo hecho público el domingo por el ejército ucranio. El dron destruyó con éxito un centro de comunicaciones de la flota rusa en la península de Crimea, a unos 200 kilómetros de la Ucrania libre.

El ejército ucranio dependía hace un año del suministro con cuentagotas de munición de precisión de sus aliados, como los misiles estadounidenses Himars. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 cortó el grifo de la asistencia militar de Estados Unidos para Ucrania. Esto ha forzado a Kiev a hacer de la necesidad, virtud. La fabricación de drones también se ha multiplicado para corto alcance, con una saturación de estos aparatos en el frente que obliga reducir al mínimo el movimiento de la infantería en un radio de 15 kilómetros.

El ejército ruso también aplica la misma táctica de saturación del frente. Y si en 2025 podía avanzar, lento pero constante, era precisamente porque sus drones de medio alcance como el Lancet castigaban las rutas logísticas del rival como pueden hacer ahora los ucranios.

“Hace pocos meses el temor era si los rusos avanzarían hasta la periferia de la ciudad de Zaporiyia; esto ahora es poco probable, y es un logro”, explica Denis, teniente de inteligencia de la Guardia Nacional de Ucrania. La situación ha mejorado pero este militar, y otros entrevistados, temen que los aliados y el poder político en Kiev lancen campanas al vuelo: “Puede ser que liberemos pueblos en el frente, pero sería un error esperar grandes cambios”.

“Hay que advertir contra un optimismo excesivo respecto a la situación en Ucrania”, escribía el domingo en sus redes sociales el analista austríaco de defensa Franz-Stefan Gady: “Un error de análisis habitual consiste en extraer conclusiones lineales sobre el futuro desarrollo y la naturaleza de los combates basándose en una fase específica de la guerra”.

“Observando la situación en el frente sí hay un margen para el optimismo para Ucrania”, opina John Helin, investigador del grupo finlandés de estudios de defensa Black Bird. “Sin duda, la campaña para anular las rutas logísticas rusas con fuego de medio alcance ha sido un éxito”, añade Helin. Black Bird está analizando ahora cómo se adaptará Rusia a la nueva situación, y apunta que la transición será larga. “Pero tenemos ejemplos en el pasado de que los rusos se adaptan, por ejemplo, cuando entraron en servicio los Himars [en 2023] y Rusia dejó de concentrar su nudos logísticos para descentralizarlos y evitar grandes daños”.

Lo que analistas como Helin o militares en el terreno esperan es la próxima ofensiva de verano rusa. En años previos, la lógica del invasor ha sido bajar la intensidad de los asaltos antes de una nueva fase ofensiva. Un comandante de batallón de la 28ª Brigada Mecanizada, que prefirió mantenerse anónimo, comentó el 8 de mayo en Kramatorsk (Donetsk) que solo cuenta con la mitad de los hombres necesarios para contener una fase intensa de asaltos rusos: “Los drones lo han cambiado todo, sí, pero la infantería sigue siendo fundamental para mantener territorio”.

Miembros de un equipo de evacuación ucranio hacen frente a drones rusos este lunes en la localidad de Druzkivka (Donetsk). Anatolii Stepanov (REUTERS)

El principal problema del ejército ucranio, según ha reconocido el ministro de Defensa, Mijailo Fedórov, es la falta de tropas. Pavlo Kazarin, sargento de las Fuerzas Armadas y conocido ensayista ucranio, afirmaba también en Kramatorsk que el éxito es impedir que Rusia avance: “Por desgracia no podemos insistir en que recuperar estas regiones sea la principal razón de nuestra victoria. Por desgracia no lo veo posible, tenemos menos recursos”.

Matthias Uhl, destacado historiador alemán y estudioso de la invasión, alerta en su nuevo libro Wie stark ist Russland wirklich? (“¿Cuán fuerte es realmente Rusia?”) que el conflicto puede terminar siendo una guerra sin fin basada en la acción de los drones. Uhl también concluye que a Ucrania le falta infantería para romper el bloqueo de fuerzas en el frente.

Zelenski y su Gobierno han puesto en marcha una reforma del ejército que debe entrar en vigor este verano para mejorar el reclutamiento, con contratos de tiempo de servicio determinado y sueldos que pueden llegar a triplicar los actuales. El objetivo es poder desmovilizar a los soldados que llevan más de cuatro años combatiendo pero también tener infantería para una guerra prolongada.

“Lo que estamos viendo es que, por primavera vez, la maquinaria de guerra rusa da muestras de estar exhausta”, afirma Helin. “Pero esto no quiere decir que Ucrania sea capaz de liberar grandes territorios como en 2022″, indica este analista finlandés: “La expectativa es que los ucranios dejen claro a Rusia que no pueden avanzar, para forzar que se sienten a negociar la paz”.

“Ucrania seguirá intentando en 2026 frenar el avance del ejército ruso e infligirle pérdidas tan cuantiosas que su poder ofensivo acabe por ceder”, escribe Uhl en su nuevo libro. “Solo el agotamiento completo de ambos bandos permitirá, finalmente, entablar conversaciones de paz significativas”, concluye este historiador alemán.

Cristian Segura desde Kiev para ElPais.com 18/5/26

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