Federico Valverde y Aurélien Tchouameni se reencontraron este jueves por la mañana en el entrenamiento en Valdebebas después del grave encontronazo que tuvieron el miércoles, y la tensión no había bajado. Se prolongó el enfrentamiento, de nuevo incluso hasta el vestuario, y el uruguayo acabó la jornada siendo trasladado al hospital. Fuentes del club aseguran que Valverde se escurrió en el cambiador mientras discutían y se golpeó la cabeza con la mesa situada en el centro de la estancia. Por el protocolo de este tipo de golpes, lo llevaron a un centro médico para una revisión y poco después, a su casa. El club ha abierto un expediente informativo para esclarecer lo sucedido entre ambos futbolistas. Y el director general ejecutivo, José Ángel Sánchez, se presentó en la zona de entrenamiento para reunir a la plantilla.
Si se adopta un registro bíblico, puede decirse que el Real Madrid emite señales de fin de los tiempos de manera cada vez más intensa. El proceso de implosión se ha acelerado esta semana. El martes por la tarde una fuente anónima (“entorno”) que actuaba en nombre de su futbolista mejor pagado, Kylian Mbappé, envió un comunicado a la agencia AFP para decir que se habían malinterpretado las vacaciones con su pareja y defender su “implicación” con el club. Esa misma noche Álvaro Carreras publicó en Instagram otro comunicado en el que confirmaba que Rüdiger le había pegado en el vestuario, algo por lo que el alemán se disculpó, y en el que también defendía su propio “compromiso”. Este miércoles la práctica en Valdebebas se cerró con el primer episodio de enfrentamiento encendido entre Tchouameni y Valverde, adelantado por Marca, y confirmado a este periódico por fuentes presentes en Valdebebas.
El vacío de títulos por segunda temporada consecutiva que está a punto de certificarse ha aflorado las tensiones y divergencias en el vestuario. Desde la Champions de 2024, la convivencia se ha degradado en un grupo en el que hay futbolistas que no se hablan desde hace meses, y donde un grupo enfrió al extremo su relación con Xabi Alonso y otro lo ha hecho ahora con Álvaro Arbeloa, según varias fuentes con acceso al vestuario.
El decepcionante rendimiento deportivo y la descomposición de un vestuario que en su momento recibió de Carlo Ancelotti el sello de “muy sano”, tienen desde hace semanas a la directiva trabajando en “una pequeña revolución” para la temporada que viene, según varias fuentes conocedoras de los planes. Consideran que la situación no se endereza únicamente con la llegada de un nuevo entrenador, algo que dan por descontado, sino que requiere salidas y entradas de futbolistas. En realidad, lo que describen como pequeña revolución bien podría no ser tan pequeña, ya que las mismas fuentes creen que es necesario “algo que se note”.
Han detectado carencias tanto futbolísticas como de liderazgo y madurez. Desde diversos niveles del club han observado con inquietud y disgusto actitudes indolentes de algunos de los jugadores más jóvenes, incluso algún recién llegado. Les ha preocupado la caída de compromiso profesional, los egos disparados sin respaldo de éxitos en el campo y también el desdén con el que ciertos jugadores han reaccionado ante derrotas y malos resultados. Empleados con más años de recorrido han echado de menos los estándares de exigencia, competitividad y compromiso de los pesos pesados que han ido dejando el vestuario estos últimos años: Nacho, Kroos y Modric, por mencionar solo a algunos de los más recientes.
El nuevo vestuario, huérfano de figuras de ese tonelaje, se ha encontrado además con dos cuerpos técnicos en los que han detectado ciertas debilidades. Un nutrido grupo receló desde el principio de la inexperiencia de los ayudantes de Xabi Alonso. Más adelante, la autoridad del propio técnico quedó minada cuando el presidente, Florentino Pérez, se inclinó por arropar a Vinicius después de su notorio desplante público al entrenador durante el primer clásico de la temporada. El staff de Arbeloa contaba aún con menos recorrido en la élite, un argumento que han usado algunos futbolistas para explicar su disconformidad con ciertas decisiones o las maneras que han usado para discutirlas. Se han registrado tensiones con Carvajal, Asencio, Carreras y Ceballos, entre otros.
La vida en una institución con la exigencia extrema del Madrid no es nunca una travesía por aguas perpetuamente tranquilas, pero en el club inquieta la presencia en el vestuario de “varias” personas con interés en que se conozcan los conflictos, según fuentes con presencia habitual en Valdebebas. A las dificultades de convivencia, suman lo que consideran “traición” a la confianza del vestuario. “Su interés era solo hacer daño”, dicen sobre la difusión del incidente entre Tchouameni y Valverde.
También señalan intereses perniciosos en las críticas a las vacaciones en el sur de Italia de Mbappé con su pareja, la actriz Ester Expósito, durante sus días libres parte del proceso de restablecimiento de su lesión. El futbolista aterrizó en Madrid pocos minutos antes de que el Madrid comenzara a jugar contra el Espanyol el partido que podría haber certificado el adiós definitivo al título. Recibió intensas críticas de aficionados madridistas y despertó el malestar de algunos compañeros de vestuario. Desde el club ven la situación generada alrededor de la estrella como una maniobra dirigida en último término a focalizar la crítica en el presidente, que persiguió su fichaje durante años.
Sin embargo, en los despachos del club no se exime a Mbappé de toda la responsabilidad. También creen que el francés no ha terminado de entender todavía lo que significa ser la piedra angular del Madrid.
Con este panorama de aroma crepuscular, sin alegrías a la vista que llevarse a Cibeles, donde muchas veces se aplazan los problemas, el equipo de Arbeloa ultima su preparación para el clásico de este domingo (21.00, Movistar). Se trata de una cita con mucha trampa para la que Mbappé es duda. Ha superado las pruebas médicas de este jueves y ha realizado una pequeña parte del entrenamiento con el grupo. Si el Madrid no gana en el Camp Nou, se encontrará en medio de la fiesta del Barça para celebrar su segunda Liga seguida, el segundo curso en blanco del Real.
David Álvarez, El País




