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Claves del Bayern Múnich – PSG, el duelo que alcanzó una cumbre insólita en la Champions

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Nunca antes dos equipos más dominantes se han atacado tanto para imponer su supremacía en la lucha por la Copa de Europa

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“Me acuerdo de las palabras de Rafa Nadal cuando dijo que la confrontación con Federer le ayudó a mejorar”, dijo Luis Enrique, despeinado y barbudo en la sala de conferencias del Allianz Arena, ayer por la tarde. “Se lo transmito a mis jugadores. Sentimos admiración por el Bayern. Este rival nos puede motivar a buscar nuestra mejor versión, porque llegados a este punto necesitaremos competir mejor que nunca. Aquí el reto es superar a un equipo que juega de manera sensacional”.

Bayern de Múnich y Paris Saint-Germain van camino de levantar un monumento, referencia para las generaciones futuras de aficionados, entrenadores y futbolistas. Nunca se enfrentaron dos equipos tan potentes con la ambición simultánea de imponerse al adversario mediante el control del balón de manera tan rotunda, tan inapelable, por la vía del ataque masivo recíproco. Como si los dos quisieran ganar por 5-0 desde el minuto diez. Después de la ida con más goles en la historia de la Champions (5-4), la semifinal que se decidirá este miércoles en Múnich (21.00 horas, Movistar) no tiene precedentes en los anales de la competición. Lo aseguran los responsables del Paris Saint-Germain y el Bayern, y así lo evalúan expertos consultados en las secretarías técnicas del Liverpool, el Chelsea o el Arsenal.

Al menos desde la retirada de Alfredo Di Stéfano hace medio siglo, los duelos que definieron época en la Copa de Europa reprodujeron una misma dinámica de acción y reacción. El Ajax de Cruyff dominaba y el Inter y la Juventus especulaban; el Bayern de Beckenbauer gestionaba y los demás hacían lo que podían; el Liverpool de Souness mandaba y el Forest contragolpeaba; el Milan de Sacchi arrasaba y el Madrid era arrasado… El esquema se prolongó con el Barça de Messi, hegemónico por aplastamiento, y el Madrid ganó sus últimas Champions tras apelar a eso que el entorno sociomediático denominó “milagro”, un ejercicio de supervivencia antes que un intento prepotente de dominación. Nada parecido al intercambio de golpes del calibre expuesto por Kane, Luis Díaz, Olise, Dembélé y Kvaratskhelia.

“Espero un partido parecido al de la ida”, dijo Luis Enrique, que visualiza dos avalanchas de ocasiones de gol. “Porque nos encontramos con que ninguno de los dos acepta que el otro sea mejor”. Vincent Kompany, el entrenador del Bayern, coincidió: “Normalmente uno de los dos equipos espera atrás y acepta que el oponente imponga su juego. Aquí nadie acepta esto”.

El técnico belga se reía cuando un periodista le preguntó si su equipo había olvidado el arte de la defensa. “¿El arte de la defensa? Creo que vimos una gran defensa en París”, dijo. “Si se marcaron tantos goles es porque los márgenes de error son mínimos. Hay dos maneras de abordar esto. O atacas con todo o te repliegas con todo. Los planteamientos intermedios no sirven contra este nivel de jugadores. En Múnich el mensaje fundamental no será hacer lo mismo: ¡hay que hacer incluso más!”.

Thierry Henry fue el primero en criticar el 5-4 de la ida, que atribuyó a la falta de “estructura defensiva”. Consultado al respecto, un técnico que trabaja para la Premier y prefiere el anonimato ofrece un argumento inapelable: “En París se hicieron tres goles a balón parado y cinco en jugada corrida. En ninguno de los cinco goles de jugada el rematador consiguió quedarse mano a mano con el portero. Siempre hubo, al menos, un defensa rival por detrás del balón”. Y nunca en el suelo. Ni siquiera Marquinhos se venció en el gol de Luis Díaz. La evidencia apunta a situaciones de dificultad máxima. Los goles no se hicieron por defectos defensivos sino por las enormes virtudes de los delanteros. Es la lección que deja el partido: el que tiene el balón siempre juega con ventaja.

Cualquiera de los cinco goles de jugada de la ida vale para Premio Puskas al gol del año. Kvaratskhelia remata el 1-1 perseguido por un Stanisic que solo le concede un pequeño ángulo; en el 2-2 Marquinhos y Pacho, la mejor pareja de zagueros de Europa, cierran todos los huecos posibles a Olise, que únicamente puede lanzar un proyectil al metro defendido por Safonov, el portero del PSG, cosa que hace con una violencia descomunal; en el 4-2 Kvaratskhelia se impone al repliegue de Tah, Paulisic Upamecano y Stanisic gracias a una prodigiosa volea; en el 5-2 Dembélé solo puede definir entre las piernas de Upamecano, que le cierra majestuosamente; y el 5-4 es el producto del trance de Luis Díaz, delantero iluminado ante un Marquinhos que no deja de ponerle barreras.

“El 4-2 de Kvaratskhelia explica muchas cosas de una defensa bien organizada”, señala el técnico de la Premier, que recuerda que Kompany, que fue uno de los mejores centrales del mundo, si por algo se caracteriza es porque sabe cómo ordenar una línea defensiva. “La jugada del 4-2 es idéntica a la jugada del 2-1 de Lookman al Barça en Champions. En París Vitinha hace de Griezmann, y Hakimi hace de Llorente. ¿Cuál es la diferencia? Que cuando Hakimi pone el balón, ya han replegado cuatro jugadores del Bayern: Tah, Paulisic Upamecano y Stanisic. Mientras que contra el Barça, cuando Llorente pone el centro Lookman remata a portería vacía”.

Récord de audiencias

Desde consultoras como McKinsey señalan que el nivel de audiencia generado por el partido no tiene igual en la historia de la Champions entre los seguidores casual, aquellos que no son hinchas ni del Bayern ni del PSG, la inmensa mayoría de aficionados, índice obligado de cotización de derechos de imagen. El CEO del Bayern, Jan-Christian Dreesen, está de enhorabuena: “Hemos ganado más de cinco millones de nuevos seguidores en redes sociales”, dijo al diario bávaro Süddeutsche Zeitung. “El interés mundial por el Bayern, incluso en Estados Unidos, ha alcanzado una nueva dimensión. Esto es importante también para nuestros socios y patrocinadores. La ida en París batió todos los récords de streaming”.

Thierry Henry despreció el show del 5-4 tildándolo de “fútbol callejero”. En cierto modo fue un regreso al origen. A la esencia del juego que Pelé, Cruyff, Maradona y Messi convirtieron en el negocio más popular que existe. Más allá del resultado, la clase de entretenimiento que quieren ver en todo el planeta. Como dijo ayer Zaïre-Emery: “El partido que todos los futbolistas soñamos con jugar desde que éramos niños”.

Diego Torres, El País