El ejército israelí busca “seguir desgastando a Hezbolá” mientras la ONU alerta de que el conflicto carece de solución militar
Israel extiende la ofensiva sobre Líbano en alcance geográfico y objetivos y mata a 36 personas en 24 horas, tras atacar los suburbios de Beirut, la región montañosa de la Becá y especialmente el sur de Líbano, donde combate para asegurarse el control de la región fronteriza con el Estado judío en su lucha contra la milicia Hezbolá.
Las víctimas mortales de los últimos bombardeos sobre zonas residenciales incluyen menores de edad, mujeres, trabajadores sanitarios e inmigrantes africanos. El presidente libanés, Joseph Aoun, y la misión de paz de la ONU en Líbano (Finul, por sus siglas en francés) alertan de que el conflicto carece de solución militar y piden un alto el fuego negociado. La ofensiva israelí ha matado en cinco semanas a 1.497 personas (una quinta parte, mujeres, paramédicos o niños) y ha herido a otras 4.639, según el ministerio de Sanidad libanés.
Mientras el ejército israelí mantiene los ataques contra instalaciones energéticas clave en Irán, Eyal Zamir, jefe del Estado Mayor, afirmó el domingo desde el interior de Líbano que Israel ha eliminado a “más de mil terroristas de Hezbolá”, a quien se comprometió a “seguir desgastando” en una campaña ilimitada en el tiempo.

Víctimas humanas aparte, la sociedad libanesa sigue con angustia el avance de las destructivas operaciones israelíes. Durante las últimas horas, centenares de miles de residentes forzosamente desplazados desde los municipios meridionales han recibido en sus teléfonos móviles imágenes de las detonaciones controladas con las que las tropas israelíes han volado hileras de edificaciones en Naqoura y en Taybeh. Son, respectivamente, dos aldeas en el oeste y en el este de una franja fronteriza donde la devastación es ya la norma general, y donde el Gobierno israelí quiere crear una zona de seguridad que aleje a Hezbolá de los residentes israelíes.
“Quizá Israel quiere convertir el sur de Líbano en otra Gaza”, dijo el domingo el presidente Aoun, después de que el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, haya anticipado la destrucción de las aldeas fronterizas tal y como Israel ha hecho en Gaza en la guerra contra Hamás. Aoun mandó la alerta desde una misa de Pascua durante un domingo de resurrección en el que Israel bombardeó más de 40 municipios libaneses. Este lunes, el ejército ha explicitado la repetición de esa amenaza al anticipar, mediante un comunicado, bombardeos en 40 municipios meridionales donde exige el desalojo hacia el norte. “Pero también era nuestra responsabilidad evitarlo”, ha protestado el presidente dirigiéndose a Hezbolá, que equipara su voluntad negociadora con Israel con un acto de rendición.
“Algunos se preguntaban ‘qué logrará la diplomacia’”, dijo el mandatario en referencia a lo ocurrido antes del 2 de marzo, cuando la milicia terminó con la tregua unilateral firmada en 2024, puesto que Israel nunca la respetó, y disparó contra territorio israelí. “[Hoy], yo les quiero preguntar: ¿qué ha logrado vuestra guerra?”, cuestionó. Después de recordar que también Hamás se sentó a negociar tras la devastación de Gaza y la muerte de más de 70.000 palestinos, Aoun concluyó: “¿Tenemos que esperar a que las cosas sean mucho peores para sentarnos a negociar?”.
La Finul impulsa el mismo mensaje. “Urgimos a las partes a bajar las armas y trabajar hacia un alto el fuego, ya que no existe una solución militar para este conflicto”, ha exigido la portavoz de la fuerza, Kandice Ardiel, en un comunicado el domingo. La víspera, la Finul denunció a los soldados israelíes por destruir “todas las cámaras de videovigilancia” de la sede central de la misión, ubicada en Naqoura, y que registran lo que sucede alrededor, en un incidente anterior a la voladura de parte del municipio.
Las súplicas de Beirut y de la ONU caen en oídos sordos. Hezbolá, cuyo dirigente, Naim Qasem, ha prometido desde paradero desconocido una lucha hasta las últimas consecuencias, , ha disparado decenas de ataques el lunes. La mayoría contra tropas israelíes en Líbano, pero el grupo también ha reivindicado lanzamientos sobre comunidades israelíes fronterizas y Nahariya. Esa norteña ciudad israelí, donde viven decenas de miles de personas, se encuentra al norte de Haifa, donde un proyectil iraní causó cuatro víctimas mortales el domingo. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha reconocido este lunes que los ciudadanos del norte “pasan por un momento difícil”.
Por su parte, el jefe del ejército israelí, Zamir, patrulló el domingo Ras el Bayada, el municipio libanés más al norte (a 8 kilómetros de Israel) que sus tropas tienen bajo su control. Está en la carretera que conecta Naqoura y Tiro, la mayor ciudad meridional libanesa. Zamir, según un comunicado castrense, repitió que el ejército permanecerá en la zona “tanto tiempo como sea necesario”

Mientras, Beirut y Damasco esperan a que Israel ejecute el anunciado bombardeo sobre Masnaa, el mayor paso fronterizo entre ambos y una vía comercial y humanitaria crucial ―según la ONU, 200.000 personas han huido a Siria desde el 2 de marzo―. El ejército israelí alega sin pruebas que Hezbolá mueve armas por el paso. Las autoridades libanesas lo desmienten, y aseguran que inspeccionan cada camón. El nuevo Gobierno sirio, enemistado con Hezbolá después de que el grupo que lideró el golpe contra Bashar al Asad rivalizara con la milicia en Siria, indica que Masnaa se utiliza “exclusivamente” para fines civiles.
Bombardeos y víctimas fuera en zonas de las órdenes de desalojo
Aunque Zamir promocione el daño causado a Hezbolá, la lista de víctimas mortales desvinculadas de esa organización sigue creciendo. Entre las decenas de muertos que el ministerio de Sanidad libanés confirmaeste lunes se encuentran un padre y una madre que viajaban en un vehículo cerca de la ciudad meridional de Nabatieh, donde un misil los alcanzó, dejando heridos y huérfanos a sus hijos de 9 y 15 años.
La escalada que Israel protagoniza desde el domingo ha matado a tres paramédicos en Bint Jbeil, en la zona fronteriza, y ha registrado la extensión de las agresiones sobre zonas alejadas de las órdenes de desalojo israelíes. Es el caso de Kfar Hatta, a 50 kilómetros de la frontera, donde un bombardeo mató a siete personas, entre ellas seis de la misma familia y una niña de cuatro años. En las inmediaciones del mayor hospital público de Beirut, cerca de la capital, un proyectil mató el domingo a cinco personas más, incluyendo a una menor y a dos sudaneses, e hirió a otros 52.
En Ain Sadeeh, una zona de mayoría cristiana en las colinas que rodean Beirut, un bombardeo en un bloque residencial mató a tres personas. Entre ellas, dos mujeres y un político de las Fuerzas Libanesas, una formación contraria a Hezbolá que durante la guerra civil (1975-1990) se alió con Israel.
Avichay Adraee, el portavoz del ejército israelí en árabe, ha sugerido que ese bombardeo no logró su objetivo, al hacerse eco de bajas “entre civiles desvinculados de los combates”. Samir Geagea, líder tradicional de las Fuerzas Libanesas ―el mayor partido de confesión cristiana en Líbano―, ha señalado, sin detallar el origen de la información, que Israel apuntaba contra un miembro de las Fuerzas Quds de Irán. Se trata del cuerpo de élite iraní para las misiones en el exterior y, por lo tanto, encargado de la relación con Hezbolá. Precisamente, Israel ha reivindicado este lunes el asesinato de Ajer Bakri, el líder de ese cuerpo, en un ataque en Irán.
Beirut ordenó en marzo la expulsión de Líbano de los integrantes de la Fuerza Quds y del embajador iraní, pero estos siguen en el país. El Gobierno también decretó la ilegalización del brazo armado de Hezbolá, aunque tampoco se perciben consecuencias visibles sobre las operaciones del grupo.
“Incluso si el Estado elige no impedir que algunos se pongan en peligro [guerreando con Israel], no tiene el derecho de permitir que quienes quieren vivir seguros mueran así en sus hogares”, ha protestado este lunes Geagea, exigiendo a Beirut que establezca mecanismos para identificar movimientos de Hezbolá y sus aliados en zonas donde el grupo carece de arraigo. “El 75% de los libaneses respetan al Estado”, ha concluido el veterano dirigente, en una afirmación que señala a un supuesto 25% de partidarios de Hezbolá, en su mayoría chiíes, aunque muchos simplemente residen donde ejerce de autoridad de facto. “Pero el Estado no los respeta a ellos de la misma manera”.
Joan Cabasés Vega desde Beirut para ElPais.com 6/4/26




