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Un estudio catalán asegura que la Gran Pirámide fue construida por una civilización avanzada anterior al antiguo Egipto

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Un estudio del investigador Antonio Ambrosio asegura que el monumento tendría 12.000 años

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En un estudio todavía no sometido a revisión por pares y difundido a través de Academia.edu, el investigador independiente António Ambrósio plantea una hipótesis que desafía la cronología aceptada por la egiptología: las pirámides de Giza podrían tener hasta 12.000 años de antigüedad y haber sido levantadas por una civilización avanzada anterior al antiguo Egipto.

Su trabajo, titulado The Pyramids of Giza: Legacy of an Unknown Civilization, propone replantear el relato tradicional. Según la interpretación clásica, la arquitectura piramidal egipcia evolucionó gradualmente desde las mastabas hasta alcanzar su culminación en la Gran Pirámide atribuida al faraón Keops, seguida por las de Kefrén y Micerinos. Ambrósio invierte esa secuencia: las grandes pirámides ya existirían con anterioridad, y las construcciones posteriores serían intentos menos logrados de reproducir un modelo previo.

La idea, en realidad, no es completamente nueva. Como hemos mencionado en otras ocasiones, esta interpretación conecta con las propuestas defendidas durante décadas por investigadores como Robert Bauval, Graham Hancock o Robert Schoch. Todos ellos han cuestionado la cronología tradicional y han sugerido la posible existencia de una cultura avanzada anterior al Egipto dinástico. La novedad del trabajo de Ambrósio reside en su presentación bajo formato académico y en el intento de articular de forma sistemática los argumentos que sostienen esa hipótesis.

Las anomalías

El planteamiento del autor se apoya en cuatro elementos principales.

El primero es la ausencia de momias reales dentro de las tres grandes pirámides. Ninguna de ellas ha proporcionado restos momificados que puedan atribuirse con certeza a los faraones a los que tradicionalmente se vinculan. El sarcófago de la Gran Pirámide apareció vacío. ¿Significa esto que nunca fueron concebidas como tumbas? La egiptología sostiene que el saqueo sistemático en la Antigüedad explica la falta de restos funerarios. Ambrósio, por su parte, considera que la ausencia total de ajuares funerarios relevantes resulta, al menos, sorprendente.

El segundo punto se refiere a la precisión constructiva. La base de la Gran Pirámide presenta una nivelación extraordinaria y los bloques de granito de la llamada Cámara del Rey muestran cortes que algunos investigadores consideran difíciles de reproducir con las herramientas de cobre disponibles en la época. El autor subraya además que las pirámides posteriores parecen exhibir una calidad técnica inferior. Esto plantea una cuestión incómoda: ¿por qué una civilización alcanzaría un supuesto máximo tecnológico para después perder esa capacidad constructiva?

El tercer elemento es la polémica en torno a la posible erosión hídrica de la Esfinge, una hipótesis popularizada por Robert Schoch. Según esta interpretación, los patrones de desgaste en la roca sugerirían la acción prolongada de lluvias intensas en un periodo muy anterior al 2500 a.C. Los críticos de esta teoría atribuyen la erosión a otros factores geológicos. Sin embargo, algunos estudios recientes han sugerido dataciones aún más antiguas, llegando a situar el origen de la estructura incluso decenas de miles de años atrás.

El cuarto pilar del argumento es la alineación astronómica del complejo de Giza. La conocida correlación entre las tres pirámides principales y el cinturón de Orión, propuesta por Robert Bauval, vuelve a aparecer como indicio de un conocimiento astronómico sofisticado. La cuestión sigue abierta: ¿se trata de una coincidencia simbólica o de un diseño arquitectónico deliberado heredado de una tradición mucho más antigua?

Entre la crítica legítima y la especulación

El estudio de Ambrósio insiste en que dentro de las pirámides no se han encontrado inscripciones contemporáneas que vinculen de manera inequívoca a los faraones con su construcción original, salvo el conocido cartucho de Keops hallado en las cámaras de descarga. La autenticidad de ese grafito ha sido cuestionada en ciertos ámbitos alternativos, aunque la egiptología académica lo considera una evidencia sólida, respaldada además por otros elementos como las canteras cercanas, los papiros de Wadi al-Jarf y el contexto arqueológico general.

Es precisamente en este punto donde el debate se vuelve más complejo. Señalar lagunas o preguntas abiertas no equivale necesariamente a demostrar la existencia de una civilización avanzada desaparecida. Para sostener esa hipótesis harían falta pruebas arqueológicas directas de esa cultura anterior: asentamientos, herramientas, restos humanos o estratigrafías claramente identificables. Hasta ahora, ese tipo de evidencias no ha sido aceptado por la comunidad científica mayoritaria.

Aun así, la cuestión continúa generando debate. Si aceptamos que las pirámides fueron construidas durante la IV Dinastía, es necesario explicar por qué las estructuras posteriores parecen menos ambiciosas o técnicamente refinadas. Si, por el contrario, postulamos la existencia de una civilización anterior, surge otra dificultad: explicar por qué no ha dejado rastros inequívocos más allá de los propios monumentos.

La historia de la arqueología demuestra que algunas transformaciones profundas comenzaron como ideas consideradas heterodoxas. También muestra que muchas teorías seductoras se desvanecieron cuando fueron confrontadas con un conjunto más amplio de evidencias.

La pregunta, por tanto, sigue en el aire: ¿estamos ante el germen de un nuevo paradigma o simplemente frente a una reinterpretación que subestima el enorme volumen de datos acumulados por más de un siglo de excavaciones?

Las pirámides continúan en pie, silenciosas y monumentales, desafiando por igual a la ortodoxia académica y a la imaginación. Y la duda persiste, incómoda y fascinante: ¿son realmente la obra culminante del Egipto faraónico o el vestigio olvidado de una civilización avanzada cuya memoria quedó sepultada bajo la arena… y quizá también bajo la propia historia oficial?

Josep Guijarro, larazon.es

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