Al cumplir seis meses de gobierno, las fuerzas políticas parecen estar
reorganizándose o reagrupándose, a raíz de la notoria variación de objetivos que
se ha planteado el presidente Humala.
El reconocimiento de la necesidad
de inversiones privadas y de un Estado fuerte que supervise y regule, ha he-cho
que Ollanta Humala aleje de su gobierno a los viejos dirigentes de izquierda. La
izquierda ya no está en el gobierno, aunque legalmente ni Humala ni los
izquierdistas estén dispuestos a formalizar la ruptura.
De igual manera
han aparecido más claramente quienes se encuentran más cómodos en el entorno del
Eje-cutivo, como Yehude Simon, quien en los hechos actúa como si fuera parte de
la mayoría parlamentaria. Los que están por definir su posición son los
indescifrables congresistas de Solidaridad Nacional, pues aún no queda claro
cuál será su posición frente a la nueva versión de Humala.
En los
próximos seis meses veremos cómo la izquierda radicaliza su posición frente a
Humala, como ya anuncian sus intenciones los expectorados izquierdistas. Es
difícil que logren respaldo ciudadano, aunque sí lograrán reorganizar las cada
vez más viejas huestes.
El problema de la izquierda, que ya ha sido
señalado, es que ha quedado atrapada en el pasado, sin comprender los cambios
que se han producido en el mundo y en nuestro país. Sus viejas recetas, que han
llevado a tantos países al descalabro, son lo contrario a las políticas que han
permitido el crecimiento durante cerca de veinticinco años. ¿Cómo hacer para
que el gobierno consolide su posición, alejando el fantasma velasquista que aún
ronda en algunos proyectos? ¿Cómo lograr que el reagrupamiento de la izquierda
permita su aggiornamiento, y no, como viene sucediendo, una opción por lo
radical?
Si logramos responder ambas preguntas, el camino ha-cia la
derrota de la pobreza está garantizado. Pero lamentablemente, mientras sigan
vigentes algunos líderes que han pasado de creer en la lucha armada, en la
década de los sesenta, a reclamarse como impulsores de un Estado empresario, la
izquierda seguirá viendo el poder desde lejos.