La izquierda (otra vez) en su laberinto por: Mario Saldaña C.
Martes de Licencia
Por: Mario Saldaña C.
La izquierda (otra vez) en su laberinto
Quien escribe se autodefine como liberal. Pero, como algunos amigos y
colegas saben, durante buena parte de mi vida universitaria en la PUCP de los 80
abracé ideales progresistas que me acercaron a la izquierda de ese entonces, a
militar en uno de los partidos considerados "reformistas" (calificativo
considerado peyorativo por los sectores "ultras" o propiamente
marxista-leninistas de la época) e incluso, como dirigente estudiantil (allá por
1987), a ser el último vicepresidente de la última mesa directiva "de izquierda"
de la Federación de Estudiantes (FEPUC).
Por ello viví directa y
personalmente la crisis política de la Izquierda Unida entre 1989 y 1990, tras
la caída del Muro de Berlín. Conocí de cerca a la mayoría de dirigentes de ese
movimiento que terminó por estallar en mil pedazos, dizque por razones
ideológicas, pero visto el tiempo transcurrido, y en honor a la verdad, más por
las miserias personales y algunos complejos de superioridad no trabajados
terapéutica y oportunamente de buena parte de sus dirigentes, que hasta el día
de hoy diagnostican, analizan y hasta pontifican en medios de
comunicación.
Pero también vistas las cosas en perspectiva, recuerdo
hasta hoy las palabras de un dirigente que participó en el famoso congreso de
Huampaní de 1989 (que dicho sea de paso daba la impresión de ser una suerte de
cónclave de tribus nómades que se reunían a elegir a su gran jefe y en donde el
que gritaba más y enseñaba más armas pretendía ser el más fuerte y poderoso):
"La izquierda peruana está condenada a ser el eterno opositor en el Perú porque,
por las razones que fueran, no está preparada para gobernar".
Han pasado 23 años y la frase ha funcionado como una sentencia lapidaria,
más si vemos la perfomance de otros movimientos similares en América Latina que
han tenido la posibilidad de ser gobierno. Gracias a esa izquierda renovada y
moderna, que se alterna con una derecha de igual vocación reformista, países
como Chile, Uruguay y Brasil, para no ir muy lejos, han conquistado su
gobernabilidad plena y una mirada optimista para su futuro.
Nuestra
izquierda sigue en los 80; subiéndose a carros prestados, siendo desalojada a
patadas y luego lamiendo una y otra vez sus heridas, es decir, enredada en su
laberinto.