Corrían los últimos días de abril de 1945 y mientras las bombas hacían leña
de una Berlín sitiada por sus cuatro costados, en las profundidades del búnker
de la Cancillería, Adolfo Hitler todavía creía en que la victoria estaba por
llegar en cualquier momento. Moviendo divisiones fantasmas de aquí para allá y
pronosticando cambios de fortuna en el escenario mundial –llegó a creer que la
muerte de Roosevelt era el equivalente a la de la zarina Isabel, que salvó de la
derrota total a Federico El Grande, su héroe de toda la vida–, el Führer logró
mantener en su reducido séquito de adulones la ilusión de que el veredicto de la
historia aún estaba por dictarse.
Sin embargo, los hechos eran tan contundentes para cualquiera que quisiera
ver la realidad, que Hitler recurrió a una última ilusión, aquella que descansa
solo en el misterio: “El arma secreta”. En cualquier momento, el Führer lanzaría
sobre los aliados un arma que los destruiría a todos y revertiría en el acto el
curso de la guerra. ¿De qué arma se trataba? Nadie podía dar razón, pues la
razón es lo único que sobra cuando cunde el pánico y la desesperación paraliza
los sentidos. Solo la fe en el “secreto”, en el misterio, en lo absurdo podía
hacer creer a los corifeos y al propio Hitler que esa “arma” ganaría la
guerra.
Algo parecido le está pasando, guardando las enormes distancias de hechos y
personajes, a Álex Kouri. Su entorno y, por lo visto, él, han caído en el mantra
salvador del “arma secreta”. Arma que, para más señas, tratan de vender a toda
costa a quienes los quieran escuchar, máxime si estos tienen alguna tribuna
donde difundir la buena nueva. Los iniciados en el “secreto del arma” ya
presumen de saber el primer prototipo: El V.E. o “voto escondido”. Es decir, en
buena cuenta, que Kouri va a ganar una elección en la que se ha desinflado entre
13 a 15 puntos por debajo de su principal rival porque hay un voto tan oculto
como el arma que lo salvará a la hora nona.
Quienes se han comprado esta tesis no tendrían más que preguntar a las
prestigiosas encuestadoras como CPI o APOYO, cuál es la diferencia entre la
simple pregunta de “por quién votaría usted” y la simulación del voto secreto
(que suponemos han hecho), para saber si existe una diferencia entre uno y otro
y, por lo tanto, establecer el voto escondido. No existe.
El otro prototipo del “arma secreta” es el que deslizó tras las bambalinas de
un debate en el Canal 7 este último sábado, según me informan, uno de los más
distinguidos colaboradores del señor Kouri, la perla entre tanta bisutería
barata que lo acompaña. Se trata del prototipo A.L.G.P. o Alan Ludwig García
Pérez. Mismo mariscal alemán, los kouristas esperan que ALGP lance sus últimas
divisiones en el corazón de las Ardenas de Lourdes –¡ni quiero saber dónde
quedará eso!– para revertir los acontecimientos. En simple, que ALGP meta preso
a Cataño y se “incendie la pradera” para que Kouri pueda despegar. Bueno, qué
les digo. Lo que menos querrá a estas alturas ALGP es asociarse con un perdedor
cuya única esperanza es creer que existen todavía las “armas secretas”.