Ya parece una práctica, aunque quizá se trate de simples coincidencias. Pero
las situaciones que pasaré a recordar deberían llamar nuestra atención, para
evitar ser comparsas de operativos mercantilistas empujados al parecer desde
algunas instancias del propio gobierno.
Hace algunas semanas el mercado
mostraba un incremento en el precio del azúcar. Según los especialistas más
serios, como Eduardo Zegarra de Grade, o Fernando Cillóniz, esta alza era
resultado de la situación del mercado internacional. Al ser el azúcar un
commodity, entonces está sujeto al impacto de una serie de variables
globales.
Sin embargo, desde el gobierno un ministro de origen
lambayecano y también un alto líder del Partido Aprista señalaron que esto se
debía a las características del mercado nacional del azúcar, liderado por dos
empresas. En este orden de ideas, actualizaron su proyecto para limitar la
propiedad de las tierras agrícolas. Como ha sido afirmado en estos días, dicho
proyecto en realidad busca establecer algunas barreras que permitan que quien
administra unas azucareras en Lambayeque se vea favorecido.
Esta fórmula,
de dar una explicación mediática a una supuesta alza de precios para luego
impulsar medidas que favorecen a un determinado grupo económico, fue usada, como
se recordará, por un ministro de este gobierno, que salió a reclamar por un
supuesto incremento del precio del cemento, para luego promover el retiro de los
aranceles para el producto importado. Y ya sabemos las consecuencias que trajo
esto, para terminar en la anulación de esta decisión por las máximas instancias
constitucionales.
En el mundo de hoy, es normal que desde los medios de
comunicación surjan corrientes de opinión buscando que quienes toman decisiones
en el gobierno tengan elementos diferentes para evaluar. Estas corrientes pueden
tener diferentes orígenes y normalmente el mercado puede determinar a los
actores.
Lo que sí es novedoso es esta práctica de funcionarios públicos
de generar alarmas para luego dictar normas que benefician a grupos económicos
con nombre propio. Esto tiene poco que ver con las leyes del mercado y mucho que
ver con un mercantilismo de nuevo cuño.