Jorge del Castillo se ha convertido en el precandidato o cuasi candidato del
APRA con miras a las presidenciales del 2011. No sólo porque ha sido elegido
secretario general de su partido, luego de un friccionado, nada santo y tan
típicamente aprista proceso congresal interno.
Lo es porque Alan García
ya lo anunció. Y también porque al calificarlo como la "mejor carta" del
partido, lo sabemos todos, está enviando al ruedo y al sacrificio a un gallo por
el que personalmente no va a apostar.
Y no va a apostar por la "mejor
carta" porque García asume y sigue pensando que él es la única carta de triunfo
que aún mantiene su viejo partido y porque sueña con ser el presidente del Perú
en el bicentenario de la independencia.
Lo que hay que reconocer es la
capacidad de Del Castillo de remontar la dura situación legal y ética claramente
adversa a propósito del caso petroaudios y su disposición a negociar y pactar
con los sectores emergentes del APRA , que, dicho sea de paso, no sólo son los
cuarentones sino aquellos de posturas más radicales a la gestión de Mauricio
Mulder.
Como me comentaba ayer alguien vinculado al "jorgismo", acaso el
tema petroaudios y la renuncia del gabinete a fines del 2008 ha sido el mejor
acicate del ex premier de voltear la mirada a la organización interna de su
partido, y con calma, ir estructurando una política de alianzas que al final le
dio resultados.
Otro elemento que destaca del resultado aprista del
último domingo es la clara derrota política de Meche Cabanillas, abierta y
pública adversaria de Del Castillo. Si a esto le sumamos el resultado de la
investigación del "chuponeo" en el caso BTR de la semana pasada, seguramente
Meche recordará marzo del 2010 como un mes aciago.
La proyección y
llegada de Jorge del Castillo a sectores no apristas, por último, ha de asegurar
que el APRA sí pueda ser un factor de poder determinante en el proceso del
próximo año. Siempre hay que recordar que luego de uno de los peores gobiernos
de la historia un mal candidato aprista como Alva Castro logró obtener más del
20% de los votos en 1990. Por tanto, descartemos todo el 2011, menos las
sorpresas.