No puede haber peor dolor para una nación que tener que contar a sus
muertos. No existe nada más aciago que admitir que el peor de los escenarios
proyectados es más bien el punto de inicio de un final desconocido.
Por
eso es que intentar dibujar la realidad de Chile y trasladarla a números y
tiempos exactos resulta una insensatez. Mejor no proyectar ni estimar nada, ni
personas ni daños ni tiempos. Además de solidarizarse con el enorme pesar de los
chilenos y de los miles de peruanos afectados por el sismo del 27, lo que toca
es ayudar en lo que sea menester.
Bien por tanto con el pedido
(sorprendentemente tardío, dicho sea de paso) que hizo ayer el gobierno de
Bachelet de recibir ayuda del exterior. Y a poner el hombro se ha dicho, en lo
que sea, en lo que se pueda.
El contar con instituciones que funcionan y
autoridades que responden a esa realidad va a permitir a Chile salir del hoyo en
tiempos relativamente más cortos que en cualquier otro país de la región. Al
menos, eso es lo que todos esperamos. Lo cual será un ejemplo más al vecindario
de que es en las situaciones extremas, como en las catástrofes, cuando las
autoridades deben demostrar su capacidad de reacción oportuna, de organización,
de planificación y de ejecución.
Es imposible ver las imágenes del país
vecino sin voltear la mirada al sur chico nuestro, y concluir que en el Perú aún
nos falta un enorme camino por recorrer, que nada tiene que ver con la cantidad
de dinero disponible para un Presidente o un alcalde, cuando de prevenir y/o de
actuar eficazmente se trata.
Sebastián Piñera iniciará su mandato en un
momento de crisis absolutamente inimaginable. Pero tal situación será quizá la
mejor oportunidad que tenga su gobierno de crecer exponencialmente en ambición
por el bien de su pueblo y que ello se transforme en decenas de reformas y miles
de obras. La mejor de la suerte para la administración que se inicia seguramente
con el apoyo de toda la clase política de su país. Fuerza Chile.