Inflación, ¿el mayor problema de la economía argentina durante 2010?
Los cálculos privados e incluso de organismos provinciales dicen que la
inflación será mucho más alta que la anticipada oficialmente. Tres años de
inflación, según el INDEC y los organismos de estadísticas de Santa Fe y San
Luis Todos los especialistas, excepto los funcionarios públicos,
coinciden en que este año la inflación tendrá un piso de entre el 16% y el 18%,
y que, en consecuencia, podría triplicar el 6,1% que estima el Gobierno.
Las causas de esta mayor inflación son variadas. En algunos casos es por
escasez de la oferta. En otros, por la mayor demanda que ayuda a validar las
remarcaciones de precios. También por el fuerte déficit fiscal que obliga al
Gobierno a ir subiendo las tarifas de los servicios públicos, para disminuir la
cuenta subsidios, y a demandar fondos haciendo subir la tasa. Y no faltan
quienes responsabilizan a la política cambiaría – el llamado tipo de cambio
alto– que encarece importaciones y traslada a los precios internos los mayores
valores de los productos de exportación.
Todo esto se potencia porque para no perder la carrera respecto de los
precios, los sindicatos ya anticiparon un reclamo, en las paritarias que se
inician, de subas escalonadas del 20% al 25%, para recomponer salarios atrasados
y para acompañar la inflación que se avecina.
En tanto, al INDEC los números de inflación le sonríen: en 2009, midió
que los precios minoristas subieron el 7,7%, mientras las estadísticas oficiales
provinciales, caso Santa Fe, arrojó un 14,3%, cifra similar a la mediciones
privadas.
Desde que se sospecha que comenzó la manipulación de las estadísticas de
precios –a fines de 2006–, la brecha entre el INDEC y las mediciones
alternativas es de 55,2 puntos. Para el INDEC, en los últimos 39 meses la
inflación fue del 28,5%, y para el IPC Buenos Aires City, a cargo de la
desplazada Graciela Bevacqua, fue del 83,7%.
En la Presentación del Programa Monetario 2010 que hizo en diciembre, y que
fue una de las mechas de la crisis actual, Martín Redrado planteó que “pese a la
desaceleración respecto de 2008, la tendencia reciente a la recuperación de la
actividad ha incrementado los riesgos de incipientes presiones inflacionarias,
incluso exhibiendo rasgos de persistencia”. Así propuso una política gradualista
–“sin pausa”– que abarque “la política fiscal, la política salarial, las
políticas de ingresos y de competencia”. Y remató: “No es concebible que el
Banco Central obtenga resultados concretos si otras ramas de la política
económica no despliegan acciones consistentes capaces de estabilizar las
expectativas de alzas futuras de los precios y compatibles con un entorno de
crecimiento estabilidad monetaria”.
Todo esto fue interpretado por el Gobierno como una “invitación” a
ejecutar un programa de ajuste del estilo ortodoxo (bajar el gasto, contener los
salarios, etcétera). Pero detrás de este discurso subyace un diagnóstico
inflacionario que el Gobierno no explicitó como piensa combatirlo, posiblemente
porque considere que no es real.
Causas y razones En el Informe de Inflación del Banco Central, difundido
la semana pasada, se mantiene la postura oficial porque se insiste en que hay
una desaceleración en la suba de precios, aunque pronostica que la recuperación
de la actividad podría generar presiones inflacionarias. Y sostiene que sería
desaconsejable dejar apreciar el peso “como única herramienta contra la
inflación”.
Alejandro Trapé, de la Facultad Ciencias Económicas de la Universidad
Nacional de Cuyo, y que mide los precios en Mendoza, dice que “la inflación 2009
fue la mitad que en 2008 y eso se debió fundamentalmente a la depresión del
consumo y de las expectativas. Sin embargo, para el año 2010 están dadas las
condiciones para que la inflación vuelva a subir, porque se espera que la
actividad recupere en parte el terreno perdido en 2009 y que ante tal situación
se reavive la puja distributiva y los reclamos salariales. Además, un gobierno
necesitado de resultados de corto plazo ha dado claras muestras de que
desarrollará una política fiscal expansiva al estilo 2004-2008, años en los
cuales se priorizó el crecimiento desestimando o tratando infructuosamente de
ocultar el problema inflacionario. Estas mismas necesidades electorales
impedirán que el Gobierno relaje su política de ingresos expansiva
(jubilaciones, subsidios, planes, entre otros). El problema fiscal, también,
hace que las enormes partidas de subsidios que se otorgaron en 2008 y 2009 sean
difíciles de sostener este año y que por ello deba autorizar aumentos de tarifas
y precios que han estado contenidos artificialmente. Si a esto se suma que los
problemas con el Fondo del Bicentenario pueden derivar en la necesidad de que el
BCRA emita dinero para financiar el rojo fiscal, es muy difícil que la inflación
sea inferior a el 17%-18%, lo cual volverá a colocarnos entre las tres economía
con mayor inflación en el mundo”.
La consultora Ecolatina asegura que 2010 arranca con un piso del 18%
porque “a la inercia heredada del último trimestre de 2009 se le sumarán otros
factores”. Y detalla: “el repunte del consumo consolidará la presión sobre los
precios, mientras que las commodities podrían mostrar un impulso adicional, dado
el actual escenario de recuperación y la elevada liquidez internacional”, a lo
que se agrega “la política fiscal expansiva, problemas de oferta (leche, carne,
trigo), recomposición tarifaria y de márgenes empresarios y tensiones en la puja
salarial”.
Para el economista Jorge Todesca, titular de Finsoport, “el año pasado,
un cálculo conservador indica que los precios al consumidor subieron alrededor
del 13% y calculando que este año los precios aumenten un 16%, se habrá
completado un ciclo que en tres años acumularía un 60% de inflación. Esa alza de
precios se originó en desequilibrios de distinta índole. En el comienzo del
proceso, el crecimiento rápido de la demanda fue un factor importante, al que se
agregó luego el aumento internacional de los alimentos. En la primera mitad del
año pasado la dinámica inflacionaria se redujo notablemente, pero tan pronto la
economía mostró signos de recuperación, esta tendencia cambió”.
“Este comportamiento de los precios parece plantear un dilema: ¿la
inflación es una compañera inevitable del crecimiento?”, se pregunta Todesca. Y
responde: “mi respuesta es que para crecer con baja inflación hace falta mucha
estabilidad en las políticas públicas. De lo contrario, el alza de precios
tiende a instalarse de una manera crónica y, al final del camino, siempre
termina afectando al crecimiento”.
El economista Ricardo Delgado, de Analytica, asegura que “por causas
coyunturales y también estructurales, la inflación seguirá siendo un tema
relevante de la gestión macroeconómica de estos tiempos, que elGobierno se
empecina en negar”. Y explica que “el panorama para 2010 aparece complicado por
factores coyunturales. El piso de variación del IPC es 18%. El Gobierno seguirá
aumentando las tarifas de gas y energía eléctrica: si fueran similares a las de
2009, agregarían no menos de 3 puntos al IPC del año. Habrá aumentos en
productos vinculados al sector externo por las subas de las commodities. Las
discusiones paritarias jugarán un rol clave. Algunos sindicatos anticipan
demandas salariales del 20%-25%. Además, el conflicto por el Fondo del
Bicentenario y las formas posibles de financiar el progresivo déficit de las
cuentas públicas abren una fuente adicional de presión sobre los precios. El
fondeo fiscal desde el Banco Central puede aumentar la cantidad real de dinero
en circulación, y esto afectaría no sólo los precios sino también el nivel del
tipo de cambio y de las tasas de interés”.
Delgado concluye que “dadas las estructurales restricciones de oferta —
la inversión no se recupera—, un progresivo estímulo monetario colocaría la
inflación cómodamente por encima de 20%, incluso con ciertas bajas iniciales en
las tasas de interés, y le daría al Gobierno una fuente adicional de ingresos:
‘el impuesto inflacionario’, como en los años ochenta”.