Un amigo muy mono y
muy querido me llama feliz desde Nueva York para preguntarme si era cierto. Al
parecer, estaba comprando algunas chucherías en Tiffanys cuando sus diamantes
empezaron a tintinear al ritmo del Blackberry y tuvo que interrumpir su modesto
desayuno a la carta. Le había llegado desde Lima la última versión del Plan de
Gobierno de Jaime Bayly:
1. Legalización de la educación. La meta es que
la calidad de la educación amerite el referéndum de nuestro propio indulto. Y el
de Bayly. 2. Reforma Mamamentaria: drogar a 25 homosexuales y reformar sus 25
miembros (viriles y no tan viriles). Ganarían lo mismo que un maestro de
escuela. 3. Legalización de los pandemonios homosexuales. Cese ipso facto de
las sub-versiones de la Iglesia (Católica o cualquier otra, si la
hubiera). 4. Drogadicción de las leyes. Y, finalmente; 5. Disolución de
Keiko Fujimori (sin referéndum).
Sí, le dije. Es más o menos eso, aunque
como cada vez estoy más ciego me pareció haber leído algo ligeramente distinto
en el periódico donde se publicó el manifiesto.
Pero mi amigo mono y muy
querido ya no quería escuchar dudas ni murmuraciones. El Perú no necesita
derrotistas, me dijo, así que Bayly, amigo, el pueblo está contigo; Bayly
revolución y Bayly contigo hasta la muerte. Y, acto seguido, se pidió un
Bayleis.
Ya daban las 11 de la mañana en Nueva York cuando mi amigo
consumado por Bayly y consumido Bayleis me preguntó a quién debía agradecerle la
hora suprema por la que pasaba la política peruana, a quién debía girarle algún
cheque de reconocimiento, ante quién había que sacarse el sombrero por haberle
dado la oportunidad al pueblo de votar por su salvación.
A un Caballero
sin Barba, le dije, y ese sí que es un genio del humor. Porque, finalmente,
Bayly hace lo que todo buen comediante: entretener. El Caballero sin Barba hace
lo que no hacen muchos comediantes: estremecer, llorando cuando hay que reír y
riendo cuando hay que llorar.
Pero tú crees, me inquirió ciertamente
preocupado mi amigo mono y muy querido, que el establishment político presione a
este Caballero sin Barba y se trunque el gran sueño del Perú.
Mira, le
dije, Calderón de la Barba dijo que “la vida le da sueño, y los sueños Baylys
son. Y si en la vorágine del candidateo, Barba no despierta de su locura, queda
claro que el vientre se alquila más presto que la cabeza, pues no se cederá
aquello de lo que uno de largo, carezca.” Y colorín colorado, este chiste ha
terminado.