La agenda interna por la competitividad ha sido abordada
en una primera etapa con la llamada “implementación del TLC” gracias a la
aprobación de una serie de leyes al amparo de la delegación de facultades del
Congreso al Ejecutivo.
En términos generales, los decretos legislativos que han
terminado de ser promulgados este último fin de semana complementan en forma
bastante positiva la primera ola de reformas económicas y comerciales de inicios
de los años 90, que hicieron posible acompañar el proceso de apertura económica
del país, la apuesta por la iniciativa privada como eje central del crecimiento
a través de la inversión, la promoción de la competencia, y la creación y/o
fortalecimiento de las entidades que aseguren el cumplimiento del rol de
regulador por parte del Estado.
Grosso modo, esta segunda ola apunta a la modernización de
la estructura del sistema de comercio exterior peruano, con normas muy
importantes como la nueva ley de puertos, la ley general de aduanas, que sumadas
a la de facilitación del comercio exterior y la de la “ventanilla única” son
condiciones básicas para que el Perú cuente con la infraestructura y el sistema
logístico y administrativo para afrontar con éxito los TLC actuales y futuros.
En el plano laboral, la nueva ley de la pequeña y
microempresa y las normas sobre tercerización tienen como uno de sus principales
objetivos avanzar en la formalización de la actividad productiva, permitir la
asociatividad y la generación de clusters, y promover la exigencia de mayores
estándares de calidad de nuestros principales productos de exportación. Es
muy importante también lo referente a las disposiciones sobre propiedad
intelectual (en realidad, se espera que Bolivia permita al interior de la CAN
que podamos avanzar en este proceso con la modificación de la Decisión 486). Y
en lo que se refiere a normas sobre libre competencia, está muy bien el objetivo
de fortalecer el rol del Indecopi; eso sí, es de esperar que la mayor
discrecionalidad que se le entregue no genere distorsiones en el mercado.
Sólo dos pedidos. Es vital que cada sector explique al
detalle y con transparencia tanto el contenido como los efectos que se esperan
de cada norma. Y segundo, esperemos que los reglamentos precisen las cosas a
efectos de evitar las típicas interpretaciones “chicle” que en casos como éstos
siempre se presentan; pero, por favor, no le saquen la vuelta a los temas
esenciales.
Por ejemplo, nadie se ha creído esa historia de que a
través de una “Fe de erratas” se corrija un error de redacción en el que se
cambia el tiempo máximo de las concesiones para los puertos de 60 a 30 años. De
Ripley, honestamente de Ripley.
Acaso la tercera ola sea más importante que las dos
primeras. Es ir hasta el fondo con la reforma del Estado, en la que los temas
educación, salud, justicia y gerencia de los recursos públicos cobran un papel
determinante.