Culpar a los
ambientalistas de los altos costos de la energía, ignorando la evidencia, ha
sido una de las características distintivas de la administración
Bush.
De este modo, en
2001 Dick Cheney atribuyó la crisis eléctrica de California a las regulaciones
ambientales que, afirmó, estaban bloqueando la construcción de plantas
generadoras.
Perdió por completo
de vista la verdadera historia: que las compañías de energía —probablemente
algunas de las mismas que participaron en su fuerza de tarea secreta que
supuestamente estaba formulando una estrategia energética nacional— retrasaron
deliberadamente la llegada de electricidad al mercado y con ello empujaron los
precios.
Y la administración
ha pasado los últimos ocho años tratando de convencer al Congreso de que la
clave para la seguridad energética de Estados Unidos es abrir el Refugio de Vida
Silvestre del Ártico a la exploración petrolera, a pesar de que estimaciones de
la Administración de Información Energética sugieren que perforar en el refugio
sólo provocaría una diferencia mínima en el panorama energético y de que las
mismas compañías petroleras no están interesadas en hacer hoyos en la tundra.
Pero sorprende y
decepciona ver que John McCain se unió a esa deplorable tradición. Nunca he
tomado en serio la reputación de disidente que los medios han otorgado a McCain,
porque en la mayoría de los temas es un conservador convencional. No obstante,
en materia de política energética aparentemente ha mostrado cierta independencia
en el pasado; lo más destacado es que votó en contra de la propuesta de ley
energética de 2005, un proyecto terrible e impulsado por intereses particulares
que fue apoyado por la administración Bush y por... Barack Obama. Pero eso fue
entonces.
En su discurso del
lunes pasado sobre energía, McCain trató de tocar todos los temas. Habló de
conservación y denunció las maldades de la especulación: “Mientras unos cuantos
especuladores cuentan sus ganancias, la mayoría de estadounidenses han resultado
perjudicados”. (Un aspecto extraño del actual debate energético es que muchos
conservadores que veneran el mercado y que primero negaron que había una burbuja
puntocom y que hubiera una burbuja inmobiliaria están convencidos de que los
malvados especuladores son los responsables de los altos precios del petróleo.)
No obstante, la
noticia fue el llamado de McCain a realizar más perforaciones en áreas
marítimas. Fue más explícito al instar a realizar más exploración y desarrollo
en la plataforma continental externa (una zona protegida). Esto representó un
viraje y acercó mucho su política energética a la de Bush. Eso no es algo bueno.
Como se ha señalado,
la política McCain-Bush de perforar en el mar no tiene sentido como respuesta a
la alza de la gasolina a 4 dólares por galón (3.78 litros): la propia
Administración de Información Energética de la Casa Blanca señaló que explotar
la plataforma externa no generaría cantidades importantes de petróleo antes de
2020, e incluso en su momento de mayor producción el impacto sobre los precios
del petróleo sería “insignificante”.
Sin embargo, no se
ha hecho énfasis en lo que esto representa en un panorama más general: McCain se
adhirió a una administración que, incluso haciendo a un lado su tendencia a
culpar al movimiento ambientalista, ha establecido un extenso historial como la
pandilla que no puede pensar de manera lógica en materia de política energética.
Insistieron en que
los iraquíes nos recibirían como libertadores; en la víspera de esa guerra,
funcionarios de la administración estaban convencidos de que el cambio de
régimen en ese país permitiría inyectar millones de barriles diarios al
suministro mundial de petróleo, disminuyendo marcadamente los precios. (De
hecho, pasaron cinco años para que la producción petrolera de Irak apenas se
recuperara a los niveles que tenía antes de la invasión.)
¿Qué razones tendría
McCain entonces para ligarse con estos personajes? La respuesta, probablemente,
es que se trata de un cínico cálculo político.
Estoy razonablemente
seguro de que los asesores de McCain están conscientes de que perforar en zonas
marítimas no tendría ningún efecto sobre los precios actuales de la gasolina.
Pero quizá creen que el público puede ser embaucado. Una encuesta de Rasmussen
realizada antes del anuncio de McCain sugiere que el público apoya la
exploración marítima y que cree (equivocadamente) que esto disminuiría los
precios de la gasolina.
Y quizá McCain
espera también reforzar sus aún frágiles relaciones con las bases republicanas.
Como puede testificar cualquiera que haya leído sus correos electrónicos después
de publicar un artículo sobre los precios del petróleo, mucha gente de derecha
realmente cree que todos nuestros problemas energéticos han sido causados por
los ridículos “adoradores de árboles”. Y McCain está complaciendo a esa parte
del electorado. Pero dudo mucho que la táctica de McCain funcione. De hecho,
resultará casi autodestructiva.
Para tener una
oportunidad en noviembre, McCain debe convencer de que no es la continuación de
Bush, y la política energética es una de las áreas en que mejor podía
demostrarlo. Pero cedió a Obama la posición ética en materia de energía, y se
vinculó firmemente con el presidente más impopular de la
historia.