Los sucesos que venimos observando como parte de la
próxima elección de la Mesa Directiva muestran en la mayoría de los casos lo
superficiales que pueden ser ciertos actores políticos, la ausencia de ideas,
pero sobre todo la poca formación democrática de nuestros congresistas. Hace
una semana, César Hildebrandt le preguntó a Víctor Andrés García Belaunde su
opinión con respecto a la política exterior peruana, en el entendido que de
acceder a la presidencia del Congreso desde la oposición tendría que tener una
mirada crítica. El hermano del Canciller, luego de un decidor silencio, afirmó
que él tenía una buena opinión del manejo de nuestras relaciones exteriores,
pero que si surgía un cuestionamiento, él no participaría, pero tampoco
impediría la investigación. ¿Puede así pretender ser el líder de la oposición?
Posición incómoda la del autolanzado candidato a la presidencia del
Congreso, que al parecer no había evaluado que el alto cargo de su hermano
podría cruzarse con sus aspiraciones. Desde la orilla de Unión por el Perú
han existido también lanzamientos mediáticos, que además de un par de titulares,
buscan mejorar la posición de negociación de los lanzados. A pesar de unos pocos
miembros de esa bancada, la mayoría de los congresistas de UPP negocia con el
partido de gobierno entre obras públicas, puestos y algún reconocimiento. No hay
que olvidar que Aldo Estrada es miembro de la actual Mesa Directiva que preside
Gonzales Posada, en actitud que dividió a su partido. Por su parte, Javier
Bedoya ha avanzado, silenciosamente, en su tarea de lograr un pacto político
desde la oposición. Mientras que unos hacen política lanzando trascendidos y
frases grandilocuentes, Bedoya -al viejo estilo- busca conformar una plataforma
sólida, con compromisos viables. Pero al parecer no ha logrado convencer aún a
quienes parece se convertirán en los que definan esta contienda: los
fujimoristas. Los votos del fujimorismo serán los que definan la continuidad
de una Mesa Directiva oficialista o la conformación de una dirección del
Legislativo que desde la oposición busque poner mayor énfasis en el control
político del Ejecutivo. ¿Por qué hasta el momento el fujimorismo no hace
pública su posición? Obviamente, está buscando mejorar sus condiciones de
negociación. El fujimorismo puede definir, si así lo quisiera, quién es el
candidato de la oposición. Puede pretender incluso presidir el Congreso a la
cabeza de la oposición. Si reconocemos que la acción política del fujimorismo
sigue la lógica de los procesos judiciales de Alberto Fujimori, pueden pretender
desde una posición estratégica tener mayor fuerza para presionar en este
sentido. ¿Cederá la oposición a estas pretensiones? ¿O será el aprismo quien
negocie mejores condiciones para el fujimorismo?