La próxima semana se realiza en Lima la cumbre entre
América Latina y la Unión Europea. Como se ha repetido, debería ser una
oportunidad para mostrar al mundo nuestra cultura, nuestra gastronomía, con el
fin de convertir a nuestro país en un destino turístico.
Sin embargo, ya
se anuncian para la próxima semana una serie de acciones desde diferentes
sectores con el fin de mostrar al mundo lo difícil que es vivir en el Perú.
Entonces, los sindicatos mineros anuncian un paro nacional, gremios del sector
Salud también anuncian paralizaciones. Y para no ser menos, organizaciones que
pretenden representar a diversos departamentos del sur del país anuncian un paro
de 48 horas, coincidiendo con la realización de la Cumbre.
¿Cuál puede
ser el interés de ciertos sectores de perturbar la realización de las cumbres?
No se trata de reuniones paralelas, organizadas en la misma capital,
como una muestra de una opción política distinta. No se trata de muestras de
rechazo a los dirigentes políticos mundiales que nos visitarán. Se trata de
movilizaciones a nivel nacional que buscan mostrar un clima de violencia y
reclamos generalizados con el fin de afectar la credibilidad del régimen, pero
además generando un daño al país.
¿La movilización social, la generación
de violencia es parte del accionar político? ¿Quiénes están detrás de esto?
¿Cuál es su legitimidad?
Movilizar sindicatos y las llamadas
organizaciones de base, paralizar centros de producción, tomar carreteras no
puede ser parte del debate político, como tampoco lo pueden ser las amenazas de
“sacar a patadas” a los corruptos, o frases altisonantes que han sido parte de
nuestra agenda en días pasados.
Lo que llama la atención, sin duda, es
la capacidad de sectores de escasa representación electoral de movilizar
simultáneamente a sindicatos y otras organizaciones que buscan representar
diversos intereses, con diferentes agendas, pero con coincidencias de
cronogramas.
¿Cómo es posible esto?
La voluntad de generar
confrontaciones, y resolver los conflictos a través del enfrentamiento es algo
que se ha generalizado en nuestra sociedad, especialmente pues resulta atractivo
para los medios de comunicación. Las tomas de carreteras, los asaltos a
aeropuertos o estaciones de tren son parte del plan de actividades que cualquier
reclamo, sea justificado o no. Esto, como lo hemos señalado, tiene una
explicación en los problemas de representación e intermediación de la que
adolece nuestro sistema político. Pero también, y no hay que esquivar el tema,
en la voluntad política que expresan ciertos sectores rechazados en las urnas,
pero con capacidad de sintonizar con las expectativas y la forma violenta de
resolver sus problemas que cada vez mayores sectores de peruanos asumen como
correcta.