Estamos ante una noticia extraordinaria. El Perú ha reducido en más
de la mitad el número de niños que fallecen antes de cumplir un año de nacidos.
¿Por qué muere un niño antes de cumplir un año? Por una de tres razones
primordialmente: por diarrea que lo deshidrata hasta extinguirlo; por pulmonía
que lo conduce a un paro respiratorio; por infección tetánica contraída al
momento de cortar el cordón umbilical.
Se trata de tres
razones propias del subdesarrollo y que pueden ser absolutamente evitadas a
través del parto digno en un centro de salud y de mínimos cuidados e higiene al
que todo ser humano tiene derecho.
UNO: Hace diez años en el Perú, de
cada mil niños que nacían vivos, morían 43. Era una tasa terrible, una afrenta
social que nos colocaba a la cola del continente junto a Bolivia y Haití. Hoy la
cifra es de 21 y nuestro país se encamina a cumplir una de las Metas del Milenio
fijadas para el 2015.
DOS: No hay ni puede haber desarrollo social sin
desarrollo humano. Y no hay desarrollo humano sin respeto a los derechos de la
niñez, particularmente entre la gestación y los 3 años, período en el cual se
marcan de manera definitiva e indeleble las facultades físicas, cerebrales y
espirituales de la persona. Una sociedad que no respeta los derechos a la vida,
a la salud, a una adecuada nutrición de sus niños, es una sociedad enferma,
extraviada. Por eso, para el que quiera anticipar qué es lo que depara el futuro
al Perú, no es necesaria una bola de cristal. Para el que quiera anticipar el
futuro del Perú basta ver el rostro de la niñez de hoy.
TRES: En las
sociedades desarrolladas la mortalidad infantil es de menos de 5 por mil. En la
Europa Nórdica los recién nacidos no mueren por infecciones diarreicas o
respiratorias ni por tétanos sino por razones congénitas. Tenemos un largo
camino por recorrer, es verdad. Pero estamos encaminados y hay razón para ser
optimistas.
CUATRO: Junto a la mortalidad infantil hay otro indicador
social que es crucial en el desarrollo de los pueblos. Es el de la mortalidad
materna, es decir, el número de mujeres que fallecen a consecuencia de su
embarazo sea por hemorragia, por hipertensión inducida o por infecciones. Junto
a ello están las tasas de desnutrición y anemia que aún afectan grandemente a
los niños empobrecidos del Perú. En todos los casos la responsabilidad no es
sólo del gobierno. Es una responsabilidad que toca también directamente a los
padres de familia.