Costumbres clásicas de los viajeros frecuentes tuvieron que cambiar de
golpe. Las nuevas medidas de seguridad afectan también a free shops y otros
negocios. Los duty free shops de diversos aeropuertos del mundo —incluido el
de Ezeiza— se desvivían esta semana por hacerles saber a los pasajeros que ya
podían adquirir bebidas y perfumes antes de subir a los aviones. La nueva norma,
adoptada el lunes después de una veda que duró cinco días, exige que la compra
sólo sea entregada al pasajero por empleados de las tiendas en el momento mismo
en que pisa el avión.
Sin embargo, después de haberse descalzado y haber sido exhaustivamente
revisados en el preembarque, y quizás de haber discutido en vano por la
portación de algún producto no permitido, los pasajeros seguían esta semana con
poco humor para visitar las perfumadas góndolas. Enrique Urioste, el presidente
de Interbaires, que opera el Duty Free Shop de Ezeiza, lo atribuye al mayor
estrés con que la gente llega a la zona de espera desde hace diez días, cuando
en Londres se descubrió un presunto plan para atentar contra aviones en vuelo y
eso desató un endurecimiento de las medidas de seguridad aeroportuarias.
Interbaires, que también opera los free shops de Aeroparque, Mendoza, Córdoba
y Bariloche prevé una caída no inferior al 10% en la facturación de este año. Un
cálculo moderado, si se considera que otras compañías similares del mundo
anuncian retrocesos de hasta el 50%. Hasta los grandes fabricantes de cosméticos
están preocupados. Estée Lauder, por ejemplo, realiza más del 7% de su
facturación mundial en los aeropuertos.
Del avión al trabajo
No se prevé una disminución del tráfico de viajes de negocios, dice John
Davis, presidente de Pegasus Solutions, una empresa de Dallas que provee
servicios de transacciones de comercio electrónico a hoteles de todo el mundo y
es dueña del sitio web Hotelbook.com. Otras fuentes del sector coinciden.
Lo que sí estará en franca extinción, dice Davis, es el viajero de negocios
típico que sólo carga lo que puede llevar como equipaje de mano y no pierde un
minuto delante de las cintas transportadoras. Ahora ese pasajero o pasajera debe
despachar maletas (porque nadie puede subir al avión con líquidos ni geles, dos
consistencias en las que incurren casi todos los productos de tocador y los
remedios). O, de lo contrario, debe dejar atrás esos productos y comprarlos
todos de nuevo al llegar a cada ciudad.
Perder tiempo y perder valijas son dos fantasmas de los viajeros frecuentes.
Líneas aéreas consultadas en Buenos Aires todavía no tienen una estadística de
cuántas piezas de equipaje extra están procesando desde el 10 de agosto. En los
Estados Unidos, Delta, la única que suministró una estimación, dijo que la cifra
de maletas despachadas en bodegas aumentó en un 40%.
Pertenecer a la elite de huéspedes muy frecuentes de las grandes cadenas
hoteleras puede hacer una diferencia para algunos elegidos. A los miembros de su
programa de huéspedes frecuentes, el hotel Marriott Plaza de Buenos Aries los
consultaba esta semana sobre qué tipos y marcas de cosméticos y otros productos
querían tener listos a su llegada, si sólo venían con equipaje de mano.
Aun cuando otras vedas, como la de portar celulares, computadoras y MP3, se
levantaron a lo largo de la última semana tanto en EE.UU. como en el resto del
mundo, ninguna fuente del negocio de los viajes ni de la seguridad aeroportuaria
espera que la prohibición de llevar líquidos y geles en el equipaje de mano se
levante en un tiempo previsible.
Con esto sí, con esto
no
En el preembarque de Puerto Iguazú el viernes,
una pareja de alemanes pretendía conservar en su bolso de mano un desodorante,
mientras la cola se impacientaba.
En Ezeiza, el jueves, dos policías
aeroportuarios revisaban el frasco de solución salina que acompañaba las lentes
de contacto de una chica. Al lado de cada control de preembarque, unos canastos
de plástico de colores servían de cementerio a una montaña de productos no
permitidos que la gente había conservado en sus bolsos de mano y se veía
obligada a abandonar. Predominaban los dentífricos, aunque algún desprevenido
había tenido que deshacerse también de un reluciente frasco de un kilo de dulce
de leche Havana.
Ni líquidos ni geles se pueden embarcar en el
equipaje de mano, desde el 10 de agosto. Pero el lunes, las normas se
ablandaron para dejar pasar pequeñas cantidades de solución salina, gotas
para ojos, leches especiales para bebés y remedios como insulina.
Las
medidas y su cumplimiento corren por cuenta de la Policía de Seguridad
Aeroportuaria, una fuerza de 2.200 integrantes creada hace 18 meses, después del
escándalo de las llamadas narcovalijas. Un detalle de productos vedados figura
en la página web http://www.aa2000.