Excelente la iniciativa la de un grupo
de personas e instituciones de impulsar el proyecto denominado “Prueba
Ciudadana”. En realidad si uno se pone a revisar las preguntas, serían
inquietudes elementales, básicas, que se realizan cuando alguien postula a alguna posición sean en
el sector público u organización privada.
Es más, la rigurosidad aumenta según el
grado de responsabilidad o importancia del cargo. Y qué más cargo de importancia
que la de Jefe de Estado, persona que luego designa a los ministros; o la de
Congresista, quien expresando una voluntad partidaria, debe aprobar, por
ejemplo, el Presupuesto de la República, o fiscalizar a los miembros del Poder
Ejecutivo, censurar un gabinetes, etc, etc.
El tema está en que excelentes
iniciativas como ésta, para que se pongan en práctica, requieren de una gran
movilización mediática y social. De ninguna manera podemos esperanzarnos en que
sean los propios miembros de la clase política los que las impulsen; más aún, en
un país como éste donde el descrédito en la política y en los actores de la
misma alcanza niveles impresionantes.
Y sino, recuerde usted mi querido
lector, todo “el jaleo” que se armó en el Congreso, cuando se intentaba aprobar
(finalmente algo prosperó) la famosa Hoja de Vida. Ojala se hubiera aprobado
también el voto libre y facultativo (hoy el señor Humala se los agradece
profundamente) o la desaparición absoluta de la llamada “muerte civil” para el
no votante. No pues, la reforma pacífica, dialogante, consensuada jamás
prospera, porque “otorongo no como otorongo”. Terrible, lamentable para un país,
que vuelve a mirar al filo del abismo.
Para oponerse a iniciativas como la
Prueba de Vida o la “Hoja de Vida”, se recurre al facilismo de la discriminación
hacia personas de escasos recursos o que carezcan de educación o formación
académica, de no caer una nueva campaña de “presión mediática”, de intentos
soterrados por evitar que los verdaderos moralizadores entren al Parlamento,
etc, etc.. Al final, se aprobó la norma, pero,no habrá ninguna sanción(que debería ser perder el cargo) para
quien haya mentido en su declaración jurada de hoja de
vida.
En tal sentido, la “Prueba Ciudadana”,
debería ser, de un lado, la herramienta básica del votante para no girarle
cheques en blanco a nadie; y también, una autoexigencia del ciudadano de
comprometerse más con el colectivo, de tener una mirada crítica hacia el país en
donde vive, si es que desea que siga siendo el país de sus hijos y
nietos.
La campaña se soporta en el concepto de
que el votante es quien tiene el poder, y el representante será su empleado por
5 años. ¿No vale la pena entonces tomarles una prueba?. Sobre todo a esta gente
que debate, analiza, evalúa y decide sobre temas cruciales parala vida de los 27 millones de
peruanos.
Es entendible que la resistencia al
cambio esté más en quienes saben conscientemente que no pasarán la Prueba
Ciudadana. Mejor, así sabremos desde ya de quiénes nos tenemos que
librar. Entre ya
a www.pruebaciudadana.org.pe, y
¡tómele examen a su candidato (a)!